viernes, 22 de enero de 2010

Con las tropas de EEUU es suficiente

Eduardo Álvarez

La verdad es que uno entiende esto de las tropas dominicanas en Haití, evidentemente innecesarias y nada gratas allá. Ahora ocurre que el gobierno haitiano nos va a conceder el favor y el beneplácito de “aceptarnos” 120 soldados en vez de estamos “implorando” nos permitan mantener en su territorio para auxiliarlos. Rogó a los Estados Unidos enviar sus fuerzas e insiste en que pedir que sean multiplicadas para ocupar, prácticamente, el territorio haitiano. Pero condiciona la ayuda nuestra. A ver quién esta socorriendo a quién.
Abrimos las fronteras y les entregando recurso que nos hacen falta, dinero, hospitales, aeropuertos, escuelas, carreteras, aduanas y tropas especializadas en desastres. Les donamos los huevos rechazados antes por razones que la esposa del presidente Preval conoce. Desvestir un santo para verter otro no has sido bien vista ni aún ente los fieles y frugales seguidores de Francisco de Asís.
Apegados a un resentimiento ancestral y a pesar de las presentes circunstancias, nos dan un portazo en la cara, rechazando la presencia militar dominicana en su territorio, aún bajo el cuidado de la inútil Minustah.
El secretario de las Fuerzas Armadas dice que “acepta” tal rechazo, con la resignación de quien acepta un desventurado mandato divino. Siempre se ha dicho que sólo se aceptan las dorratas con resignación, en tanto que las victorias son para celebrarla con alegría. Los dominicanos no tenemos motivos para celebrar. Pero tampoco para “aceptar” un despropósito como este. Esos militares deben estar de este lado, reforzando nuestra frontera para que eviten una avalancha de haitiano como al que se ve venir. Previsión que han tomado los norteamericanos, con todo el derecho.
Sería esta la primera vez que un país tenga que mendigar acudir en ayuda de los demás. Está muy bien que seamos generosos, buenos vecinos y amigos. Pero de ahí a llegar al extremo de echar a un lado nuestro orgullo y dignidad para ir en ayuda de otro existe un trecho que es preferible no recorrer. Si procuramos el reconocimiento y el aplauso mundial a este precio, es preferible no tenerlo.
Si en algo pueden tener los gobernantes haitianos la razón es que un país menesteroso, como el nuestro, no califica ni se ve bien jugando a ser “rico y poderoso” cunado eso no esta, obviamente, a su alcance. Es en lo que debemos detenernos a pensar, antes de andar por ahí haciendo el ridículo.
Por eso, el primer ministro de Haití, Jean Max Bellerive, se apresuró a anunciar la verdadera cumbre sobre los efectos del terremoto, que tendrá lugar en Canadá el próximo lunes 25. De ese modo, desmiente o desautoriza prácticamente la anunciada “cumbre” a celebrarse aquí, con el auspicio del presidente Leonel Fernández. Por lo visto, tropas y cumbres les sobran a nuestros apreciados vecinos. Es momento de que comencemos a ocuparnos un poquito de nuestras cosas, que problemas nos tenemos de más y recursos nos hacen mucha falta. cenitcorp@gmail.com

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