Radhames Gomez Sanchez
El pueblo haitiano es hermano siamés del dominicano, desde antes de constituirse en estado independiente en el 1804; viable o inviable.La hermandad obligada de nuestros pueblos vino desde que España cedió a la pretensión imperial gala, permitiéndole establecer otra colonia en la parte occidental de la isla.
A partir de entonces, hermanados ellos con nosotros, libertos y esclavos, negros y blancos en esta pequeña isla, cargamos con el peso de la vecindad impuesta.
Ahora ve el mundo la solidaridad desbordada del pueblo dominicano con el haitiano. Pero esta historia también viene de antes, de muchísimo antes.
Desde que Haití se rebeló contra sus opresores franceses empezando en el 1791 una revolución de trece años, hemos auxiliado y socorrido al hermano siamés.
Lo ayudamos incluso cuando sus tropas invadieron y ocuparon por 22 años esta parte de la isla hasta el 1844. El auxilio que ofrecemos ha permitido a casi tres millones de ellos emigrar y permanecer hoy en territorio dominicano.
Aquí socorremos al pueblo haitiano dándole sustento a sus trabajadores, albergue a sus hombres, hospitales a sus enfermos y mujeres parturientas, educación a sus niños y jóvenes. La cuenta no para.
Durante toda la historia compartimos el poco de pan que hemos obtenido. Buscamos mendrugos en cama de galgos. Desde antes del terremoto devastar a Puerto Príncipe, hemos cumplido con el pueblo hermano, con nuestro hermano siamés.
No podemos avanzar si cae el hermano, si no se levanta ni camina el haitiano. Somos siameses. Lo atestiguan tantos atrasos de ambas naciones. Distintos pueblos, distintas culturas, pero un mismo destino, una misma dependencia, una misma realidad.
El terremoto del martes 12 completó el drama de un Estado sin instituciones. El movimiento sísmico arrambló edificaciones de un estado destruido, saqueado.
Otra historia se contaría si este dramático episodio hubiese hallado unas instituciones fuertes, unas fuerzas armadas organizadas, un gobierno sólido en Haití.
El futuro demanda fortalecer y solidificar sus instituciones sin la presencia foránea que se ha demostrado incapaz, pero con la solidaria acción de la comunidad mundial.
No podemos cargar solos con el peso de la reconstrucción haitiana, la renovación de sus instituciones, la recuperación de la viabilidad del Estado vecino.
Solos nunca podremos enfrentar el reto que impone el futuro inmediato, como tampoco podemos dar más de lo que reciben en este país pobre sus millones de emigrantes.
La República Dominicana necesita auxilio solidario del mundo para cargar con el peso del Haití devastado. El pueblo dominicano necesita del socorro mundial para levantar al hermano siamés hundido.
Necesitamos ayuda para ayudar a Haití. Ahora, y en el futuro mucho más que antes. Somos pueblos siameses: unidos por la historia así como por la miseria y la necesidad.
Como siameses, estos pueblos caminamos juntos, adelantamos unidos, o caemos y juntos nos hundimos. www.quisqueyadigital.com
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