jueves, 4 de febrero de 2010

La conciencia retórica




Andrés L. Mateo

Llamo “conciencia retórica” a esa falsa convicción de los políticos dominicanos sobre la importancia de la educación. Se les salen dos lágrimas cansadas cuando dicen que la educación es la prioridad del país, y truenan y juran que cuando lleguen al poder la educación será la primera de sus preocupaciones. Pero si la voluntad sigue más o menos al entendimiento, lo que sobreviene después que se encaraman en el solio presidencial es la angustia de Abraham, porque la educación es postergada una y otra vez, y el clientelismo y la corrupción se llevan las expectativas de mejoría de algo tan vital para un país como el sistema educativo.

Se cumplieron trece años de la Ley 66-97, promulgada por el presidente Leonel Fernández, que destina 4% del PIB para construir un nuevo modelo de educación nacional. Ni el gobierno del PRD, a partir del 2000; ni los gobiernos posteriores del propio Fernández, después del 2004, cumplieron con la ley. El problema de la educación dominicana no es de diagnóstico o de dinero exclusivamente, pero elegir ser esto o aquello es afirmar al mismo tiempo el valor de lo que elegimos. La inversión en educación no ha sobrepasado nunca 2.5% del PIB, lo que quiere decir que la educación nacional no es prioritaria, que los políticos no la juzgan importante en el conjunto de las coerciones del poder. Fuera del poder, la conciencia retórica invoca la educación como una poderosa arma para el desarrollo. En el poder, las prioridades son otras.

Esto es bueno recordarlo en el mes que cumple su primer año de funcionamiento el Metro, la verdadera prioridad del gobierno de un hombre que repitió ochenta y siete veces en sus discursos de campaña que iba a privilegiar la educación. Mientras el Metro consumió el 13.2% del magro presupuesto educativo, sólo sirve a menos del O.30% del país. Y no sólo la educación, la salud, las inversiones en infraestructura de desarrollo, la energía; todo se subordinó al Metro. Eso sólo ocurre en un país donde la razón, históricamente, no sirve para nada; y en el cual la ambición de poder instrumentaliza sin piedad, una y otra vez, la ignorancia, la miseria material, y la sinrazón del poder.

Es como para encaramarse en la cresta airada de la decepción que viene echando fuego desde el malhadado siglo XIX de nuestra historia, por que todos los autoritarismos, incluso los ilustrados, eligen manipular a los pueblos por la degradación. La educación es sólo “conciencia retórica” en el programa de Fernández, puesto que los frutos del sector educativo demandan esperar la cosecha, y éstos no pueden ser exhibidos a corto plazo. Es por eso que el Metro corre con menos de 20 mil personas al día, mientras la educación dominicana nos avergüenza por ser la penúltima de las peores en América, y una de las peores del mundo.
Jueves, 4 de febrero de 2010

No hay comentarios:

Translate