martes, 2 de febrero de 2010

¡Qué bueno fuera, padre Cardenal...!

Tony Raful

Los epigramas a Claudia y el poema a la actriz norteamericana Marylin Monroe, monitorearon mi atención hacia este monje trapense que hablaba de Sandino y reescribía en una pequeña franja de algas y bambúes, follaje y bejucos, llamada “Solentiname”, los nuevos himnos nacionales de Nicaragua.

Era pintoresco el padre Cardenal, diminuto, casi escaso, boina negra y vestimenta gastada y raída. Oficiaba misa junto a nativos, pobre campesinos descalzos, y les leía el Nuevo Testamento con invocaciones actualizadas para fomentar la rebeldía y el desacato a las autoridades de la dictadura dinástica de los Somoza. Al principio lo ignoraron, un pobre cura, sin representación social, pensaron, no podría influir en los destinos de Nicaragua. Además, ¿desde cuándo, los poetas, derrocan con sus versos a los gobiernos?

Los poemas del padre Cardenal recorrían el mundo desde aquella sede marítima de pájaros y peces donde el crepúsculo era una jaula de barro y desdicha. Cuando los opresores se vinieron a dar cuenta, ya el padre Cardenal era un símbolo. Los jóvenes leían sus versos y cantaban a Sandino, aquel personaje invencible que hizo de las montañas un cielo claro de luz y valor guerrillero. Los amantes se enamoraban en Atenas o en Buenos Aires, en La Habana o en la zona colonial de Santo Domingo, recitando sus textos de amor, prometiéndose la ternura ante un nido de deseo y encanto.

Era tantas cosas el padre Cardenal, que nosotros lo veíamos muy alto, muy distante, inalcanzable, un nuevo poeta que salvaba la poesía de su ocaso decadente. Un personaje de las novelas de caballería, amigo del Quijote, que volvía a cabalgar por la estepa llanura. Uno de esos mitos que recreamos cuando el vacío atenaza y desconcierta el alma.

Cuando los combatientes entraron a la fortaleza llamada “el Búnker”, abandonada por el dictador y sus esbirros, encontraron la cama de Somoza desordenada y en la mesa contigua, un libro de Cardenal: “El Evangelio en Solentiname”, donde el poeta hablaba de que hubo tres Herodes bíblicos, Herodes el Viejo, su hijo y su nieto, y que Jesús había nacido bajo Herodes el Viejo, señalando la imposibilidad que tuvieron los tres de evitar el nacimiento y renacimiento de Jesús.

Somoza, de quien se sabía que no leía siquiera las tiras cómicas de los diarios, curiosamente tenía escrito al margen, con su inconfundible letra, el nombre de Sandino. Pensó Somoza que los tres Herodes de Nicaragua habían sido su padre Anastasio, su hermano Luis y él mismo, y que el Jesús, que estaba resucitando, era Sandino, el héroe de las luchas libertarias de la Patria nicaragüense, resucitando en la columnas victoriosas del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Cardenal había escrito en sus poemas que un día la enorme estatua de Somoza que era un símbolo emblemático de la ciudad de Managua, sería derribad a por multitudes enfurecidas. Los versos del poeta eran proféticos, ese día llegó y aquella mole de bronce y concreto armado, cayó a tierra. Una lección que no acaban de entender los tiranos del mundo, que edifican estatuas altísimas y monumentos para su glorificación, como hizo Trujillo, ignorando lo efímero de la gloria humana y los mandatos finales de la historia.

La vida comprometida del Padre Ernesto Cardenal con su credo cristiano se expresó en sus actos de lucha y apoyo a la resistencia a la tiranía somocista. No concebía el cristianismo sino en su manifestación solidaria, humana, de fe y evangelio cotidiano junto a los humildes. Escogió la humildad y el amor a Cristo, porque no hubo forma de amar a Cristo que no fuera volcando su amor hacia los demás, hacia el prójimo, y vio en los cambios revolucionarios en Nicaragua la posibilidad de construir la civilización del amor.

Al triunfo de la revolución sandinista en 1979 se dedicó a promover los valores culturales como Ministro y ha impulsar la transformación de la conciencia social en la creación de valores. No abandonó su vestimenta ni su pobreza material, no se adueño de mansiones ni se adjudicó bienes de los somocistas, no participó en la llamada “piñata” que desnaturalizó la esencia de la revolución nicaragüense.

Ahora está perseguido y acosado por una parte de sus antiguos compañeros. Magnifico escritor, poeta que desarrolló un nuevo estilo y formas distintas de modelar el verso. Ahora está sometido a los tribunales por supuestamente difamar. Ahora amenazan con llevarlo a la cárcel. ¡Qué bueno fuera que el Premio Nobel de Literatura, para el que está nominado, le sea justamente otorgado este año!  2/2/2010








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