lunes, 15 de marzo de 2010

Danilo Santiago





Eduardo Álvarez


Los 60s nos sorprendieron con un rompimiento político y social radical. Más bien, el inicio de una etapa marcada por la más acentuada división de la familia dominicana durante la segunda mitad del siglo XX. Unos, comprometidos con un régimen infame que llega a su fin, mientras las grandes mayorías, están entusiasmados y contagiados con los aires de libertad que se respiraban.

Nuestra corta historia, con sus héroes y hazañas, transcurre en Esperanza, un pequeño pueblo cibaeño cuya arteria central “[…] velaba sus más relucientes gracias, la calle brillaba con sus adyacentes escuálidas, como un fuego en el bosque”. Extrapolamos, con el permiso de Robert Stevenson esta fotografía de una urbe idílica, tomada de su obra El extraño caso de Dr. Jekyll y del Sr. Hyde. Basta representar el esplendor de unas calles para hablar del entusiasmo de la gente que las habita o frecuenta. Las actividades sociales, religiosas, culturales y comerciales tienen en sus mentores a verdaderos líderes, tan auténticos y vigorosos como las aguas del río Yaque, el mismo que riega sus fértiles tierras y baña a sus hombres y mujeres.

Durante estos bravos años surge la más fértil cosecha de esperanceños dispuestos a capitalizar la esperanza que trajo consigo el grito de libertad del 30 de mayo del 1961. Danilo Santiago, una joven promesa entonces, toma la antorcha emprendiendo así una carrera que dura medio siglo. Con apenas catorce años, su liderazgo despunta determinantemente para dejarnos con su muerte el legado de su si vida ejemplar.

Somos beneficiarios y testigos privilegiados de sus primeras luchas como promotor de los más elevados valores políticos en una izquierda aun perseguida y proscrita. Deportista exitoso, guía espiritual y estudiante meritísimo. Éramos niños en busca de héroes. De hombres representativos. Por eso, cuando jugábamos voleibol o basquetbol queríamos ser como Danilo. Buenos estudiantes como él, caballerosos como él, combatientes como él, nobles y sencillos como él. Hasta vestir como él o parecernos a él. Gallardo y bien parecido, sin ser arrogante ni presumido.

Dirigió, por decirlo de alguna forma, la Pléyades de jóvenes que tomaron la rienda de la sociedad esperanceña, activo motor de valores humanos esenciales. Sobre ellos recayó la responsabilidad de abrir el club cultural y recreativo Alegría Juvenil con un boletín mensual llamado Guajana. La flor de la caña, símbolo sublime de la producción azucarera, representaba también el vigor de un pueblo en marcha.

Con la iglesia católica se acometió la tarea de unificar a la familia dominicana, amenazada seriamente por el germen de la división. Los padres Bisonó y Pérez jugaron un importante papel convocando fuerzas y virtudes a favor de la confraternidad y la unidad. La participación de Danilo fue determinante.

Un paradigma para quienes teníamos, entonces, la necesidad de un modelo a seguir. La historia se había encargado de restar valor a los grupos aferrados al poder. Agotada una etapa singular en la que, con su concurso, fueron rescatadas las fiestas patronales, las competencias de béisbol, voleibol, básquetbol, carrera y boxeo, Danilo partió con sus triunfos locales a conquistar otros galardones, esta vez profesionales, familiares y económicos. También en este ciclo de su vida se mantuvo como un incansable luchador político, aferrado a las causas más justas y al amor y entrega por Esperanza, su lar nativo. Su muerte, convoca a sus compañeros de luchas, amigos unidos en un sueño truncado, pospuesto acaso hasta ahora que nos toca honrar la memoria de Danilo imitando su ejemplo.

cenitcorp@gmail.com
Santo Domingo, R.D., lunes, 15 de marzo de 2010

No hay comentarios:

Translate