Radhamés Gómez Sánchez
Empavorece la "ingenuidad" gubernamental frente al narcotráfico y la delincuencia.
Si no hay connivencia o complicidad de autoridades con narcotraficantes y delincuentes, como han denunciado hasta de sus litorales, es rayana la ingenuidad que frente a ellos enseñan.
El comportamiento de este gobierno cucañero e irresponsable frente a la delincuencia, el narcotráfico y la corrupción nos ha traido a donde estamos hoy.
Nos han quitado el país. Se lo quedaron los malhechores. Uno no puede sentirse seguro en su casa, no puede sentirse seguro en las calles ni estar seguro en el trabajo.
La flojera gubernamental permite que actúen a sus anchas los corruptos, delincuentes y narcotraficantes.
Pero el pueblo al que enajenaron está impedido, cercado, rodeado.
La complacencia frente a delincuentes nacionales y extranjeros contrasta al acoso gubernamental contra el ciudadano común.
Por eso delincuentes como los hermanos Benítez, narcotraficantes como José Figueroa Agosto, don Nacho el colombiano o el español Arturo del Tiempo pueden operar aquí tranquila, impunemente.
Si el presidente de la República en persona no los elogia al llegar, como hizo con el español apresado con mil 200 kilos de cocaina que llevaba desde aquí, nadie osa molestarlos siquiera. Ni los sienten, ni los ven.
Nadie, ninguna autoridad repara en lo que hacen, ni en lo que gastan. Tan distinto al acecho y al acoso fiscal patrocinado por esta gavilla cucañera contra el ciudadano común o contra las empresas reconocidas.
Leonel citó al español Del Tiempo como el modelo de inversionista extranjero que necesita la República Dominicana. Pero ese ciudadano buscado por un desfalco de 40 millones de euros antes de ser capturado tratando de introducir 1,200 kilos de cocaina pura en España, recibió más que elogios del presidente Fernández.
(Por cierto, que en Paya se perdieron 1,200 kilos de cocaina pura en agosto del 2008).
El Banco de Reservas de propiedad estatal le financió a ese español un 53 por ciento de una de las torres lujosas Atiemar, Del patrimonio público se destinaron más de 500 millones de pesos para financiar el fabuloso inversionista descrito por Leonel.
La razón no podía ser más que la del elogio presidencial a tan ilustre ciudadano, pero también corroboraron sus fabulosas credenciales los organismos de seguridad del Estado. Mal informados, ingenuos o cómplices. Todos ellos.
Me gusta la definición que da Roque Barcia en su diccionario de sinónimos castellanos.
Ingenuo, dice el autor, es el que actúa con sinceridad, de buena fe, el que habla con el corazón en la mano y no tiene secretos. Ingenuidad quiere decir que no se ha corrompido. Para mí que no cabe tal descripción para esta gavilla cucañera.
Complicidad, en cambio, que se distingue de connivencia porque connivencia viene de superior a inferior, es lo que está en los pliegues del secreto. La complicidad puede tener lugar de inferior a superior, de acuerdo a Roque Barcia, para que haya complicidad basta que estén complicados en el asunto.
Es lo que uno ve, percibe, siente y deplora. Va más allá de la simple ingenuidad esto que ha permitido que la corrupción, la delincuencia y el narcotráfico hayan corroído al cuerpo social dominicano.
Para los conmilitones esta será una ingenuidad. Otra indelicadeza.
Pero para quien es víctima del despojo, del latrocinio, esto es simple demostración del grado de complicidad de las autoridades con narcotraficantes y delincuentes.
¿Ingenuos o cómplices? Su respuesta lo ubica.
Santo Domingo, R.D., 13 de marzo de 2010
ragosa11@codetel.net.do

No hay comentarios:
Publicar un comentario