Radhamés Gómez Sánchez
Es vieja la historia dominicana del transfuguismo. Pero tuvimos en las manos la oportunidad de ponerle fin.
Desde los tiempos de "bolos" y "rabuses", hace siglos podemos decir hoy en día, se cambian militancias partidarias por interés.
El dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina también implementó el transfuguismo para postrar adversarios. El jefe tenía la convicción de que todo se podía comprar y vender.
Cuentan sus allegados que el tirano aseguraba que "no hay hombre que no se moje con una lluvia de papeletas... si no se moja, envíenle una tormenta...y si no, le puede caer el tormento de un sobrino".
Del chantaje del dinero, de la prebenda, al chantaje del miedo. Eran tiempos de la dictadura.
El traspaso de militancias siguió su curso inalterable en la dictablanda y en democracia.
Ahora se puso el calendario electoral en peligro, por líos originados en alianzas y la compra de rivales partidistas y candidaturas.
La ausencia de una reglamentación que transparente la actividad política, que reglamente el uso de fondos y donaciones y evite el transfuguismo, trajo este vendaval.
Los disgustos se sienten en todas las parcelas políticas desde que un ex funcionario del gobierno perredeísta de Hipólito Mejía se pasó a las huestes del oficialismo.
Pero del partido morado han pasado al perredeísmo opositor muchas figuras tradicionales del peledeísmo, candidatos y legisladores.
Si pasan del gobierno a la oposición, queda la certeza de que cae el gobierno, que se derrumba, que está derrotado.
Si pasan de la oposicion al gobierno, queda la certeza de que lo hacen por prebendas, posiciones, por dinero nuestro.
Avergüenza el papel del presidente a quien eligió la mayoría y todos le pagamos bien caro por sus servicios, contratando tránsfugas en el palacio nacional, donde debería gobernar para todos los dominicanos.
Leonel es mandatario, pero mandante es el pueblo dominicano que lo eligió mayoritariamente.
En lugar de negociar el paso de adversarios a su parcela ofreciéndoles villas y castillos o regalándoles nuestro dinero, Leonel debería estar buscando soluciones a la delincuencia, al narcotráfico, a la corrupción, a la falta de servicios básicos.
Porque en este país al que él prometió corregir todos sus males crónicos culpando al gobierno anterior, hoy en su tercera administración carece de luz y agua, pero le sobran delincuentes narcotraficantes y corruptos.
Como presidente de la República le corresponde atender esos males agravados en sus tres gestiones de gobierno.
Pero ocurre que el presidente es también presidente del Partido de la Liberación Dominicana, y tiene que sacar tiempo de conquistar adeptos y proselitismos del que no le alcanza para atender los graves padecimientos nacionales irresueltos.
El resultado es el disgusto generalizado por las candidaturas, los cruces partidistas y las gestiones para alcanzarlos.
Este lío está formado por falta de la ley de partidos políticos que propuso la Junta Central Electoral, y que Leonel acordó aprobar con Miguel Vargas Maldonado presidente del Partido Revolucionario Dominicano.
La misma ley debería establecer una prohibición a que el Presidente de la República ostente cargos partidarios.
La prohibición evitará que en el futuro hagan el papelazo de Leonel en busca de afiliaciones y apoyos con recursos del Estado y desde el palacio nacional. Y sobre todo la ley evitará que siga la historia de los tránsfugas.
Santo Domingo, R.D., martes, 23 de marzo de 2010
ragosa@gmail.com

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