Yvelisse Prats-Ramírez de Pérez
Ya se conoce un pasquín o “aviso”, apócrifo por cobardía, que pretende presentar al autor de esta columna como un fascineroso, forajido, maleante o delincuente.
Dos días antes del pasquín se publicó una “integración” que busca enredar, involucrar como cómplices a personas sorprendidas en “su buena fe”, aunque tienen tacto y juicio para leer entre líneas y percibir fines inconfesados.
Salvo una “aclaración necesaria”, el tiempo puede mostrar evidencias de la complicidad con el pasquín.
Así como a veces resulta saludable acogerse al “beneficio de la duda”, en determinadas circunstancias es de sabios actuar con el beneficio de la cautela, la prevención y la prudencia.
Santo Domingo, R.D., sábado, 10 de abril de 2010
http://www.listin.com.do/app/article.aspx?id=137855
Si las advertencias se hacen para que no se alegue ignorancia, queda en el tapete que el pasquín publicado como “aviso”, además de su bajeza intrínseca, tiene un trasfondo criminal.
En la Procuraduría Fiscal del Distrito Nacional reposa una instancia que detalla una serie de manifestaciones temerarias, de corte amenazante, así como hechos de violencia protagonizados por los autores del “aviso”.
El propio estamento jurídico ha pedido la presentación de los documentos que avalan el desarrollo del proceso electoral en la Fundación Testimonio.
En medio de una masiva representación de la membresía de la entidad patriótica, cada uno de los requisitos establecidos por los estatutos se cumplió al pie de la letra, proceso que culminó con una participación sin precedentes en las votaciones.
No podían cosecharse mejores resultados luego de un trabajo de tres años en Misión por la Memoria, visitando escenarios de marcado interés histórico, develizando estatuas y bustos, inaugurando tarjas y monumentos, y evocando las más trascendentes efemérides de los últimos 50 años en República Dominicana.
Otra vertiente de esa copiosa labor está recogida en más de un centenar de artículos de prensa, miles de afiches, volantes y vallas conmemorativas.
Para que se conozca el trasfondo criminal del citado pasquín, un alto número de entidades, medios y personas tienen en sus manos escritos, denuncias y exposiciones reveladoras del trasfondo que se oculta con el manto de la perversa publicación.
El pasquín refleja la desesperación de sus autores y muestra su vocación a expresarse con la razón de la fuerza y no con la fuerza de la razón.
¿Para que sirven los partidos? Para los/las políticos/as serios, la pregunta suscita respuestas duales: por un lado, los que creemos en la necesidad de incursionar en la política para fortalecer al estado, y la hemos ejercido como profesión de servicio con entusiasmo, los partidos políticos, vistos así, en abstracto, son necesarios, insustituibles, en todo régimen democrático.
Pero si es/a mismo/a político serio/ a analiza, no el deber ser, sino el ser actual de los partidos, no solo en nuestro país, sino en otros muchos, decaería en sus entusiasmos, sentiría la decepción apretando su garganta, y una desolación de manos vacías, de noches y días desperdiciados, de haber sido engañado/a y engañar aún fuera inconscientemente a mucha gente.
Haber leído algunos textos de ciencia política, Duverger, Weber y Sartori incluidos, proporciona definiciones y parámetros que mortifican aún más. Hasta una simple anécdota doméstica se puede convertir en dolorosa como por ejemplo, lo que me sucedió al escuchar a un niño de la familia, decirme con voz solemne “la política es la ciencia mas noble, después de la filosofía. Y eso es cierto porque lo afirmó Juan Pablo Duarte”.
¡Pobre niño mío! En cuanto crezca se dará cuenta que la filosofía ha desaparecido de los planes de estudio, una que otra universidad mantiene la carrera escuálida de estudiantes.
Fukuyama decretó la muerte de la historia, el pasado no existe y el futuro es imprevisible y no interesa en medio de la incertidumbre y el cambio que se traga el presente.
No hay cabida para reflexiones trascendentes, la única “filosofía” es la negación de ella, a lo más aplicar la máxima “primiun vívere, deindre filosofare”, primero vivir, luego filosofar.
Y como vivir consiste en sobrevivir cada día en un mundo donde se aplica un darwinismo social que solo deja con cabeza a los fuertes, que nos enfrenta con fiereza, haciéndonos agitarnos y agotarnos, la filosofía no llega a ocupar la atención, y como toda ciencia o noción trascendente, es desestimada por inútil.
La política, entonces, pierde el referente que le confirió Duarte, queda vacía de ideología, de principios, de ética, de ideales. Así desnuda, repugnante, se integra en el mercado.
¿Acaso no nos enseñan los gurús neoliberales que el Mercado es el “deux ex machina” que arregla por sí solo todos los problemas del mundo? Uno/a que otro/a político/a rebelde, terco en el recuerdo y en la convicción de que la política es importante, digna y necesaria, y que son los partidos los órganos por excelencia para practicarla, evocamos, evoca, las funciones que les asignan, casi unánimemente autores y tratadistas de envergadura.
Sartori, Almond y Powell, Neumann, el clásico Duverger.
Esas funciones dan sentido de pertinencia a la existencia de los partidos, y aunque parezca un acto fallido, es bueno reescribirlas.
1. La postulación de proyectos políticos de carácter global, es quizás la más significativa de las funciones partidarias. Es por eso que su opacamiento cuando no desaparición desdibuja el carácter de partido a los que dicen serlo. Esos proyectos que ofrecen alternativas de futuro son – eran– portadores de una imagen del orden social deseable y se fundamentan en la ideología a que se adscriben los partidos.
2. Agregación y jerarquización de intereses. He aquí una tarea singular e inteligente propia de los partidos políticos: consiste en transformar y reducir a la unidad las demandas sociales diversas y complejas, a veces contradictorias, seleccionándolas, y articulándolas de acuerdo con un orden de valores establecidos, y convirtiéndolas en un programa.
La comunicación y orientación de los órganos políticos de poder, en su calidad de grupos de opinión pública, y el control de los excesos de las cúpulas gubernamentales, es otra función de los partidos. Ejerciéndola, los partidos se constituyen en instrumento de la construcción de la ciudadanía activa, de la movilización de los/las ciudadanos/as.
3. La función electoral, sobre la cual hay tanto que decir, por la deformación que sufre en República Dominicana, la trataré En Plural por separado, luego, analizando sus sobredimensionamientos y a la vez sus reducciones vergonzantes.
4. La última de las funciones de los partidos políticos es la selección y reclutamiento del personal político. Por ser vinculante con la anterior, las trataré juntas próximamente.
¡Ay! La memoria que compara es cruel, pero también estimula a seguir predicando, en el desierto o en el mar, todavía un poco esperanzada.
Quisiera vivir lo suficiente para que mi respuesta final a la pregunta.
¿Para que sirven los partidos? sea: para que cumplan sus funciones esenciales. Lo diría con la satisfacción de haber puesto un poquito de mí para que eso sea posible y comprobable.
Santo Domingo, R.D., sábado, 10 de abril de 2010
http://www.listin.com.do/app/article.aspx?id=137855


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