Miguel Guerrero
Varios periódicos se han quejado de las críticas que algunos medios y comentaristas le han hecho al presidente Fernández, exigiendo respeto por la dignidad presidencial.
Es bien cierto que ciertas críticas, cargadas de epítetos, desbordan los límites de la caballerosidad, porque los excesos en el campo de la discusión prostituyen el debate y denigran el periodismo.
Pero, es lamentable admitirlo, todo esto se explica en el cansancio y la frustración, provocados por el silencio oficial ante el deterioro moral que sufre el país.
Cuando los gobiernos desprecian el valor de la opinión pública y prestan oídos sordos a los reclamos de la población y a sus quejas acerca de la corrupción, que parece cada día ir arropando al país como pocas veces en su historia, entonces la gente comienza a molestarse y en medio de la irritación dicen las cosas horribles a que, para desgracia nuestra, nos estamos acostumbrando al escuchar la radio y ver la televisión.
Desde hace mucho tiempo la nación ha estado esperando por un fuerte golpe del puño presidencial sobre la mesa, que ponga fin o por lo menos detenga el clima de depresión moral prevaleciente en la esfera pública.
Pero cuanto se ha tenido en respuesta ha sido un inexplicable e injustificado silencio que Margarita Cordero describió magistralmente en un reciente artículo digno del parnaso periodístico nacional.
A menos que esa actitud en el ámbito oficialista no cambie frente a las distintas modalidades de corrupción existentes en su propio fuero, debemos estar preparados para seguir escuchando las atrocidades y exabruptos verbales que hieren nuestros oídos y nos ponen seriamente a pensar si en realidad el camino por el que andamos conduce a algún lugar.
Sería doloroso admitir que toda esa podredumbre mediática no sea más que el fruto de otro estercolero por el que nadie en el gobierno parece estar preocupado. (El autor es escritor y periodista)
Santo Domingo, R.D., viernes, 09 de abril de 2010
mguerrero@mgpr.com.do
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