Eulalio Almonte-Rubiera
Como no me siento en la obligación de escribir todos los días, ni mucho menos abordar, --por el mero hecho de decir presente, los temas que el día a día va arrastrando, tampoco me obligo a leer todo lo que la gente pone en una cuartilla; y de ese mismo modo, usted tampoco está en la obligación de leer lo que a mí se me antoje escribir. Y así estamos a manos, o casi iguales, porque quiérase que no tengo el deber de revisar todo cuanto se me envía a los fines de colocarlo en mi particular espacio www.desdemiescritoriord.blogspot.com/
Hecha la salvedad, quiero echar manos a aquel dicho cuyo origen desconozco, pero que como papagayo repito junto a los míos: “mal de muchos… consuelo de tontos”. Es lo que he escuchado desde que tengo uso de razón, -si razón ha de entenderse el cobijarnos bajo la sombrilla de pensamientos que nos van imponiendo el Si y el No como patrón de conducta.En décadas atrás –varias décadas atrás, Horacio Vásquez era tenido por los suyos como un gobernante insustituible, al punto que se llegó a decir “Horacio… o que entre el mar”.
Los agüizotes de siempre las tomaron luego con Rafael Leónidas Trujillo Molina, el Jefe, y se los escuchaba proclamar: Dios… y Trujillo. Es decir, ahí se paraban las aguas. Sin embargo, ya todos saben cómo en una prima noche terminó la vida y la Era del perínclito barón de San Cristóbal, benefactor de la Patria y padre de la Patria Nueva.“Lo que diga Balaguer es lo que va. Lo mismo decían al más noble líder de masas de los dominicanos, el doctor José Francisco Pena Gómez, ‘negreado’ en voz baja por muchos de los que de manera hipócrita en público le batían palmas.
Con Miguel Vargas –y aquí es donde quería llegar, la historia parece repetirse, a quien alabarderos y acariciadores de oportunidades empujan a posiciones que si no son del todo mal, por lo menos podrían haber sido menos cuestionables. Pero todavía hay quienes creen a rajatablas –perdón Orión, que mandar, gobernar, es imponer, aunque todos sabemos que en cada rincón del pecho del dominicano se anida un Trujillo chiquitico, pero Trujillo al fin.Miguel Vargas ha tenido momentos estelares, pero también ha habido nubes, y muy cargadas, que oscurecen su horizonte, aunque algunos de sus apologistas estimen que habrán de despejarse más temprano que tarde. Eso esta por verse.
La situación –evidentemente mal llevada y peor explicada, ha dado la oportunidad a los adversarios de Miguel Vargas de juntar leñas con la “sana” intención de hacerlo purgar el más grave de sus pecados políticos: el creerse un Cesar al mando del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), y si no es así, ¿Cómo se explica que se ignore el peligro que significa la continuidad pelediana, y en su lugar se dirija todo el fuego contra la figura de un perredeísta al que apenas hace un tiempecito se les encomiaba por su don y capacidad gerencial y de servicio al país?
No soy el más llamado a salir en defensa del ingeniero Vargas, con quien dicho sea de pasada, no tengo comunicación desde hace unos dos años, pero de quien en la distancia puedo apreciar que, a pesar de las rémoras que se alimentan de su cuerpo social y político, hace un esfuerzo serio por encontrar una vía expedita por la cual pueda transitar un pueblo merecedor de mejor suerte.Hay quienes en sus adentros apuran el vaso de la cicuta, porque “o jugamos todos, o se rompe la baraja”, y esos son unos pobres tontos ¿verdad Leonel?
Santo Domingo, R.D., viernes, 9 de abril de 2010
eulalioalmonte@gmail.com
http://almomento.net/news/135/ARTICLE/56960/2010-04-09.html

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