Félix Santana García
Es una práctica consuetudinaria, que se haga uso indiscriminado de los fondos financieros que por concepto de recaudaciones impositivas ingresen al tesoro público, sin que se tomen en cuenta las consecuencias negativas que la misma le acarrea al desarrollo y crecimiento de la nación y, por ende, al bienestar de sus habitantes.
Es penoso ver y oír, que años tras años diferentes sectores del país, se pronuncien en el sentido de que las autoridades que dirigen los destinos de la patria, hagan caso omiso a los reclamos de la población para que no abusen o despilfarren los recursos financieros que les retienen.
Críticas van y críticas vienen, para que los recursos financieros recaudados sean bien apropiados y desembolsados, sujetos a las necesidades más urgentes que tiene la nación.
Son muchas las personas que se han empleado a fondo, preparándose en las disciplinas financieras y económicas, para conocer el arte de manejar el dinero y hacer uso adecuado de los factores de la producción.
Se celebran talleres, cursos, diplomados, post-grados, maestrías y doctorados, para que los actuales y futuros profesionales exhiban un buen desempeño de sus funciones.Pero hasta ahora, nada de esto ha valido, para que se administren exitosamente los exiguos recursos que periódicamente ingresan al fisco.
Muchas veces, se le adjudica la culpa a la persona que ocupa la primera magistratura de la nación, por el hecho de que este solo se interesa en hacer valer sus intereses políticos.
Lo anterior, ha llevado a muchos profesionales, celosos guardianes de la buena práctica profesional de las finanzas y economía, a tener que actuar distante de las técnicas, principios y leyes, que sirven de base a estas disciplinas del saber humano.
Lo que se ha constituido en una práctica ordinaria, en contra de las experiencias acumuladas y las enseñanzas en la formación de buenos, éticos y morales profesionales.
Es decir, el hecho de actuar políticamente dejando a un lado las herramientas recomendadas por materias como: las finanzas y economía, ha conducido a muchos gobiernos al fracaso de su gestión.
Los ámbitos de la política y las técnicas, al administrar un Estado, deben de ir de las manos, a los fines de complementarse y evitar el fracaso.
La práctica política, tanto necesita de la técnica de las finanzas y economía, como estas necesitan de la primera, pues si las mismas se violan entre si, provocaría que la una ni la otra alcancen sus objetivos y metas.
De ahí, que muchas veces se haya abogado para que las actuaciones de la banca central, sean autónomas de las actuaciones de las autoridades políticas, con el propósito de que las autoridades monetarias, puedan tener una actuación más acorde con sus funciones de auspiciar la estabilidad macroeconómica del país, a través de mantener controlado los niveles de precios de bienes y servicios.
Es imperativo de que las autoridades gubernamentales, escuchen a las autoridades económicas y, viceversa, a los fines de que haya una correspondencia biunívoca en cuanto a las políticas monetaria y fiscal del país.
Cuando esta condición no se da en los hechos, la situación que impera es de: caos, desequilibrios, sobregiros, déficits, quiebras o desorden generalizado de las finanzas públicas.
Por eso, no sorprende a nadie en el país, el hecho de que la política fiscal esté divorciada de la política monetaria. Son muchos los desmanes que se comenten en el ámbito fiscal que afectan lo monetario, teniendo la política monetaria que salir en defensa de la política fiscal.
Lo anterior no es nuevo, pero llama la atención que en el país, se repita tanto la historia, y no aparezcan funcionarios de este gobierno consciente y sensible, que puedan poner coto al actual abuso que se cierne sobre el erario o las finanzas públicas.
Está bueno ya de que haya un alto en el manejo irresponsable y sin ningún control del dinero de los habitantes de esta media isla.
Santo Domingo, R.D., miercoles, 21 de julio de 2010

No hay comentarios:
Publicar un comentario