Orlando Gil
El proceso
República Dominicana ha vivido en los últimos meses un proceso de lucha firme contra el tráfico de drogas y de lavado de dinero que debiera provocar un cambio de actitud en la opinión pública nacional. Los hechos están a la vista de todo el mundo, y no hay por qué usar lentes oscuros y negar una realidad que se impone a golpe de su propia contundencia. Quienes tienen acceso a información de país por país o del conjunto de la región pueden hacer la comparación y comprobar que las estadísticas dominicanas son insuperables. El problema no está resuelto, ni siquiera controlado, pero se avanza o se camina en mejor dirección. Sin embargo, la mezquindad prefiere sacarse los ojos antes que reconocer que el pandero está en manos más seguras y que desafina menos que antes. La música todavía no es de alabanzas, pues hay disonancias que deben ser corregidas. Pero así como se dice de antiguo que “Roma no se hizo en un día”, hay que tener paciencia y esperar la cosecha que se empezó a sembrar ahora...
La paciencia
No hay que citar el Eclesiastés de que debajo del sol cada cosa tiene su tiempo, pero sí recordar que si José Figueroa Agosto le llevó diez años introducirse en el medio social dominicano y levantar su imperio de drogas y lavado, y lo hizo con patrocinio y complicidades, no puede esperarse que lo desmonten como un golpe de viento un castillo de naipes. Cuando se quiere jugar al populismo y explicar el contubernio de las autoridades con los capos y las bandas, se tiene una justificación a manos: las difíciles condiciones de trabajo de fiscales y policías. Pues bien, lo poco que se hace ahora es con esos fiscales y policías que se denuncia están mal pagados. De ser así, los resultados están desmintiendo las causas. Que se sepa, el nombrado Toño Leña no se metió por voluntad propia en la cárcel ni tampoco el apodado El Gringo, y la lista, incluyendo los muertos y los sentenciados, parece larga. Entonces, no luce que sean estos policías y fiscales los cómplices, a pesar de que las tentaciones y los ofrecimientos son los mismos...
Situaciones
Hago estas apreciaciones porque hay dos situaciones que nublan la percepción y que el trabajo que hacen fiscales y policías sea desnaturalizado. Tienen parte de culpa, pues no logran ponerse de acuerdo, y se interpreta desde fuera que la diferencia no es de metodología, ni de temperamento. La primera, los expertos oficiosos. Nada de lo que se haga es bueno si no cuenta con el aval de unas voces que se han acreditado, que acopian rumores y hablan a los medios con la suficiencia de la verdad absoluta. La segunda, la manipulación. El caso Quirino nadie sabe por dónde anda, pues salió de la jurisdicción dominicana y los norteamericanos no dan cuenta. Sin embargo, mucha gente se quedó esperando la extradición de altos cargos militares y civiles del gobierno de Hipólito Mejía que estaban involucrados en ese cartel. Ahora sucede lo mismo. Ninguna prueba, solo el pálpito. José Figueroa Agosto importa en la medida que hale para lo hondo a los funcionarios de este gobierno que eran parte de su corte. Ya no se habla de “pejes gordos”, sino que ahora se usa la nomenclatura de “vacas sagradas” o de “hombres de saco y corbata” que tiemblan...
El diablo
El senador Wilton Guerrero, que es uno de los sumos sacerdotes, pide que no traigan a Sobeida Félix Morel desde Puerto Rico, que la dejen allá, porque aquí, en su país, corre riesgo de muerte. Las “vacas sagradas” la matarían. ¿Por qué esa preocupación por la vida de la fugitiva, ahora, que está detenida, si no la hubo cuando fue sometida a la justicia, ni cuando desapareció, ni cuando las autoridades ofrecieron cinco millones de pesos por su captura? ¿Cómo puede conocerse la identidad de los “pejes gordos”, las “vacas sagradas” o los “hombres de saco y corbata” si los perseguidos no la revelan? Se dice del viejo que “ no es lo mismo llamar al diablo que verlo venir”...
Santo Domingo, R.D., miercoles, 21 de julio de 2010




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