Eduardo Álvarez
Ustedes son dominicanos. Si no lo fueran, no estarían sentados, como están, en una de las curules del Congreso de la Republica.
Tienen en sus manos la responsabilidad de redactar y aprobar las leyes, lo cual incluye la Constitución de la Republica. Cabe suponer que todos conocen al dedillo cada uno de los títulos, capítulos, secciones y artículos de nuestra Carta Magna.
Testigos de excepción y protagonistas los que estaban en el anterior periodo, la revisaron y aprobaron. Los nuevos deben tenerla como libro de cabecera, bitácora de vida y manual de trabajo para conocer el orden institucional de la nación, siempre inapelable y supremo.
Debemos asumir que ustedes, estimados compatriotas, fueron llevados ahí por su capacidad y buen juicio. De manera que insistir en la reelección, más que una muestra de ignorancia e irrespeto, es un abuso que interrumpiría el orden establecido e impediría la celebración, en el 2012, de los 50 años de vida democrática iniciada en 1862 con el presidente Juan Bosch.
Quienes acusan una mayor ignorancia, para no pensar lo peor, hablar de restituir la reelección a través del Tribunal Constitucional. El artículo 184 fija claramente la competencia de este organismo, creado exclusivamente para “garantizar la supremacía de la Constitución, la defensa del orden constitucional y la protección de los derechos fundamentales”, como [1] Las acciones directas de inconstitucionalidad contra las leyes, decretos, reglamentos, resoluciones y ordenanzas; [2] El control preventivo de los tratados internacionales antes de su ratificación por el órgano legislativo; [3] Los conflictos de competencia entre los poderes públicos, a instancia de uno de sus titulares.Puede ocurrir lo peor, para lo cual debemos estar preparados. Las corrientes reeleccionistas, haciendo uso de los recursos del Estado [para lo cual, evidentemente, les sobran agallas], pueden “persuadir” a a todos los danilistas y perredeístas. Algunos de ustedes, más osados y atrevidos como el senador de Valverde, han citado la figura del referendo, sin importar que esté destinada, como está, a otros aspectos, que no incluyen una posible reforma al artículo 124. “Cuando la reforma verse sobre derechos, garantías fundamentales y deberes, el ordenamiento territorial y municipal, el régimen de nacionalidad, ciudadanía y extranjería, el régimen de la moneda […]”, conforme lo establece el articulo 172.
Se trata, por lo visto, de una aventura peligrosa, alocada que ha ido creciendo como un alud o huracán, arrasando con todo, incluso con el propio Congreso de la República. ¡Ojo!, compañeros, que embromar mucho preña, a decir del pueblo con voces más crudas.
No hay forma de que el presidente Leonel Fernández pueda ser candidato presidencial en el 2012, a no ser que ustedes den un golpe de Estado constitucional. Y esta vez sí es verdad que una intentona como esa “va a durar menos que una cucaracha en un gallinero.” Bosch dejó que esta frase tomada del argot popular pasara como un simple dicho. Si ustedes apuestan a que a una bellaquería similar estarían jugando con candela. No hay que decir lo que les pasa, amigos, a los que juegan con candela.
¿Y será que no vamos a pasar toda la vida recordando aquél triste episodio de “Horacio o que entre el mar?” El resultado de ese oscuro capítulo de la historia lo cargamos penosamente durante 31 años. ¿Es eso lo que ustedes quieren? ¿Repetir tan azaroso suceso? / Un abrazo dominicano.

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