jueves, 21 de octubre de 2010

La paz del sinvergüenza

 



De variados temas //
Freddy Ortiz

Uno de los “caras duras” más notables de la historia, es George W. Bush. El día de la toma de posesión de Obama, busqué su rostro para ver si encontraba un gesto que delatara sentimiento de culpa o arrepentimiento, por tantos horrores cometidos contra su país y la humanidad, pero las cámaras no ofertaron lo suficiente como para escrutarle. Luego vimos algunas fotos de su poco sincero periplo en Haití, acompañando a Clinton y demostrando ser el mismo “light man”, siempre presto a protagonizar chistes malos. En el juego inaugural de la serie Texas-Yankees él fue el décimo jugador más enfocado por las cámaras, en su larga conversación con Nolan Ryan, la leyenda del box. Me cansé de buscar en su rostro algún detalle que dejara entrever su tormento, su falta de sueño tranquilo, a causa de tantos cadáveres cargados sobre sus hombros, pero el hombre sigue siendo el mismo charlatán y sinvergüenza, que se sabe protegido por el poder; no el poder estatal que le ha limpiado de culpas, sino el fascismo que Mussolini sugería definir como “El Corporativismo”, dada la fusión que contiene de poder estatal y corporativo.

George W. Busch y
Barack Obama durante
la ceremonia de
traspaso de mando.

Lo que le mantiene en pie y viviendo un resto de vida tranquila es el poder de las corporaciones que él representó, para conducir a EEUU por los derroteros del terrorismo y la guerra. No le importa qué hechos y documentos hayan probado, que su gobierno facilitó deliberadamente los atentados del 11-S, por un asunto de geopolítica y control del flujo petrolero mundial, tras descubrirse que habíamos pasado el “pico petrolero” del mundo, para entrar en el derrotero del agotamiento. Tras el fracaso de la búsqueda de petróleo en el Caspio, se reactivó el plan de crear otro Pearl Harbor y lo lograron, no importa que costara 3,000 vidas neoyorkinas y casi 50,000 en Iraq y Afganistán “and counting”.

Bush es feliz, porque sus compatriotas aún creen que cumplió con su “deber de norteamericano”, aunque no haya sido más que su “deber corporativo”.

Santo Domingo, R.D., jueves, 21 de octubre de 2010



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