La Opinión del Director //
Rafael Núñez
Director de Informacion, Prensa y Publicidad
de la Presidencia de la Republica.
“Una nación comienza a corromperse cuando se corrompe su sintaxis”, dijo en algún momento antes de morir el escritor mexicano Octavio Paz, ganador de casi todos los premios importantes de la literatura, pasando por el Premio Nobel (1990), Príncipe de Asturias en Comunicación y Humanidades, entre muchos otros no menos importantes.
Si partimos de la definición de sintaxis en una oración, se refiere a la estructura misma de esta. La corrupción, pues, no es otra cosa que el desmembramiento del orden, de las reglas o leyes establecidas. No escapa a mi conocimiento que la corrupción público-privada en múltiples oportunidades se ha aprovechado del orden establecido para subvertir su contenido y hacer huecos para facilitar la impunidad.
La corrupción, fenómeno de cuya aparición parece tener su origen con el hombre mismo, puede ser pública y privada, clásica o moderna. La corrupción no sólo se registra en lo atinente a las cosas materiales; también hay personas que se corrompen ideológicamente, intelectualmente, sentimentalmente, política y socialmente.
El tema viene a discusión en estos momentos, a propósito de la intervención del presidente Leonel Fernández en el acto donde 30 entidades públicas y privadas, nacionales e internacionales, entregaron la propuesta Iniciativa Participativa Anticorrupción, un trabajo encargado por el Ejecutivo. ¿El presiente Fernández minimizó el tema de la corrupción como fenómeno social que impide el desarrollo y el avance de una sociedad?
No. Veamos qué fue lo que dijo el Presidente:
“Si existiera un sistema organizado de corrupción, una voluntad deliberada de promoción de la corrupción, este acto no hubiera tenido lugar, y la Presidencia de la República no habría convocado a tantas instituciones internacionales, públicas y privadas para trazar en conjunto un plan de combate a la corrupción”.
“Lo que demuestra esta iniciativa es justamente lo contrario, lo que está demostrando es el interés que tenemos en enfrentar este problema de la manera más eficaz posible. La percepción que hay de corrupción en el país no es cuestión del gobierno en su conjunto, sino de actos individuales”.
Siguió afirmando que “la percepción es un fenómeno que se vive no sólo en la República Dominicana, sino que se es de carácter universal. Deben establecerse mecanismos de prevención, y de ahí la necesidad de fomento y promoción de valores en la sociedad, que tiene que ver con la familia, la escuela, las iglesias, las sociedades comunitarias y con el conjunto de las instituciones sociales para poder establecer claramente los valores del bien y del mal, el sentido del honor, la vergüenza y la dignidad”.
En las palabras que transcribo del mandatario, ¿hay alguna expresión que pretenda desdeñar el fenómeno de la corrupción, como tituló un medio de comunicación? Evidentemente que no. Ahí podemos analizar de por qué un medio en particular tituló la información muy alejada de lo que fue el espíritu de esas declaraciones del mandatario, tomadas fuera del contexto de un análisis profundo del fenómeno de la corrupción, como hizo Fernández en ese escenario. Independientemente de quién escriba una información, esta puede ser mal entendida o sacada de contexto para hacer daño, que entiendo de esto último no se trata. Esas expresiones, fuera del marco general del análisis, fueron aprovechadas por la oposición política para seguir distorsionando.
Otros actores de la vida política, económica y social fijan puntos de vistas a partir de las informaciones que leen en esos medios de comunicación, especialmente los impresos. Si las informaciones no aparecen fieles a su espíritu, las reacciones serán equivocadas también. Este gobierno no tiene prejuicio con ningún medio y parte de la premisa de que la línea informativa, se fundamenta en la pluralidad, objetividad y atendiendo a los intereses del bien común. Por eso, descarto de plano que la información a que hacemos referencia se haya hecho con la intención de hacer daño.
Sabemos que cuando un diario quiere discrepar de la forma de pensar de cualquier dirigente político, o tema económico, no importa que éste sea el presidente de la República, tiene mecanismos legítimos para plantear sus opiniones, refrendadas en el pleno ejercicio de la libertad de prensa. Ningún medio se arriesgaría ex profeso, a sacar de contexto unas declaraciones cuando tiene otros mecanismos a mano. La falta a esos preceptos que son inherentes al periodismo, sería un gran desatino.
Se entiende, pues, que las declaraciones del mandatario fueron mal entendidas, pues cuando él afirmó que en el país no hay un sistema organizado para promover o tolerar la corrupción, no está negando que la haya. Lo que ha reiterado siempre el presidente Fernández, en público y en privado, es que se registran eventos de corrupción, y que se deben crear los mecanismos para evitar que se conviertan en un sistema. Faltan a la inteligencia del Presidente y de los lectores quienes creen que el Jefe de Estado va, siquiera, a pensar que en el país no hay corrupción o que aquella que existe, no tiene importancia. Si creyera que no tiene importancia, ¿para qué, entonces, convocó a 30 organizaciones nacionales y extranjeras a proponer medidas para disminuir ese flagelo?
Volviendo a la frase de Octavio Paz, de que “un país se corrompe cuando se corrompe su sintaxis”, pregunto ¿ha vivido República Dominicana en algún momento de su historia en orden, en fiel cumplimiento de las leyes y respeto a la Constitución?, (en plena sintaxis). En el país hay pocos ilusos que puedan creer eso. La sociedad dominicana ha venido construyéndose, avanzando progresivamente, de menos a más.
En el país, y en todas partes, el tema de la corrupción es un problema inconcluso porque el ser humano siempre hará lo indecible para burlar los mecanismos de transparencia. Si los sistemas de control no han sido eficaces en el pasado, hay que hacer que los sean; y no hay un mandatario que haya propiciado más la creación de leyes, disposiciones, decretos, comisiones y reformas en el sistema de administración pública, a los fines de garantizar una gobernanza más transparente, como lo impulsado por Leonel Fernández. El es el primero en reconocer que los medios de comunicación deben jugar su papel, no deben ser encubridores. Sin embargo, es ajeno a una política informativa plural, tratar de imponer un cierto control social mediante la interpretación particular del tema de la corrupción.
En este, como en otros gobiernos, no hay santos, pero no puede afirmarse que todos somos corruptos. Cuando el presidente Fernández dejó el gobierno en el año 2000, un periodista de El Siglo, ya fenecido, dijo de voz en cuello en la redacción que quien suscribe salió millonario del gobierno. Diez años después, estoy buscando las cuentas bancarias de esos millones y los bienes a los que él aludía, pero todavía no los encuentro. En las denuncias de corrupción gubernamental, hay medio verdades y mucha especulación y maldad. La justicia trabaja con evidencias y si las establece, debe actuar con independencia.
Decía Marco Aurelio que “peste es la corrupción de la inteligencia tanto más grave que la corrupción del medio ambiente que nos rodea”.
(Reproducido del sitio oficial de la Presidencia de la Republica Dominicana)

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