Reflexión Del Alma//
Leonor Porcella de Brea
Amanecí con un corazón gigante, abrazado de mi olvido del tamaño de la vida; tenía forma de la herida del mundo, esa realidad me nubló la visión, pero no me acompañó en mis noches, sólo en mis días, le llamo lucha por la supervivencia humana, lucha por lo que se ausenta de la tierra como una retaguardia de la existencia.
El adiós al amor, la decepción, la renuncia. La noche me cubre la armonía de las palabras. Soy misionera del alma, no quiero hablar, quisiera usar símbolos para no errar; ¡si la vida constara sólo de palabras, no de hechos! La palabra es bella, más bella que hallazgos donde pisamos; grita la vida, lleva sentimientos dolorosos porque el sol se aleja de la existencia del hombre y la mujer, las parejas renuncian al amor, esgrimen inconsciencias. ¡La vida, lo más preciado del ser en pugna con la palabra! Se van por la nada, se reúnen llevando rostro misterioso, con rara perversidad que ocultan en sus manos esposadas, calla la voz incoherencias, dice: –Somos presidiarios de la dimensión de la vida; el ser se niega a la mediocridad, anhela luz brillante, sol radiante, amor ardiente, río salvaje, oro abundante; anhelan sonido de campanas. La vida y la palabra se abrazan deseando bonanzas, que le llueva alegrías. Que la luna esté llena de seres flotando como nave espacial por lograr imposibles destruyendo la maldad. Que la nada vuele por la vida materializándose dueña de todo, pisando puñales; sin tregua de palabras mansas surgen inentendibles, símbolo de exuberante postmodernidad.
Los vicios alteran el aire respirable, la vida se cuelga del llanto incesante, se tambalea el universo, terremoto de criterios que destrozan la vida; la tristeza inunda la tierra, era necesaria para matar el silencio de la herida del mundo.
El ser poderoso aparece en el sendero, existe la desolación virtual de caminos. ¡Qué vacío, se ha escondido el mundo detrás del corazón! 2.- El hombre cubre su rostro, ¿será vergu¨enza? Se pierde la verdad, se hiere el amor, hay olvido, ignoro si es un sueño, o si desperté por el realismo de la tierra.
Noche de los pobres
(Diego Rivera).
(Diego Rivera).
El narcoestilo se desborda. Frío y desorientación son comunes en aquella demarcación del tiempo, el ser humano cambia tristemente. El hombre desorientado olvidó vivir, la intensidad lo abandonó; llevaba un letrero en su alma: ¡Vivo postmodernidad extrema! Las creencias caían, los conceptos sobrevivían; como fruta putrefacta, se perdían. El hombre cambió de fisonomía, corrompido... lo consideraban máquina andante. El estigma del ayer se mojó de olvido, de pecado; el ser caminaba como nube enraizada del presente incoloro e inhumano, decía: –Soy hombre superior, busqué y encontré, adquirí un espacio absoluto, soy batalla aterradora, crecí tanto que no quepo en ningún lugar, me llamo Crueldad Humana. Tengo cerebro inmenso mintiendo satisfecho, me creo invencible, practico luchas espurias, soy poderoso, dueño de los glaciales universales, de vidas humanas, mi mirada refleja triunfos fáciles y extenuantes, llevo coágulos ocultos. No puedo dormir, estoy ávido de sosiego.
¿Qué cosa puedo desear que no tenga? Las preguntas llovieron solas para el grupo Extrovertido Insaciable que lo seguía. El super hombre del futuro, mundano, universal, calló en un sopor llamado Saciedad Materializada: traía el alma en llagas y las manos ensangrentadas, pero no sabía la razón de su desesperación.
Era evidente su desintegración vivencial, su enfermedad era mortal, sentía vacío el contexto que enmarcaba su existencia; era un ser totalmente material, olvidó el sentimiento humano y el amor. Finalmente, se sostenía moribundo deseando olvidar; en su corazón latían sentimientos diferentes.
Quedó un paréntesis abierto en el tiempo aguardando… ¡otro amanecer!
Santo Domingo, R.D., miércoles, 26 de enero de 2011.

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