A PLENO PULMÓN//
Federico Henríquez Gratereaux
La aspiración última de los científicos es llegar a “establecer la verdad”. El científico cree que lo más importante del mundo es aclarar los fenómenos naturales, explicarlos racionalmente. Espera que otros individuos puedan, siguiendo el mismo camino metódico, comprobar sus razonamientos y arribar a iguales conclusiones. Supone que la verdad “brilla con luz propia”… tras el esfuerzo de buscarla tenazmente. Imagina que todo lo que no sabemos será desentrañado algún día por una investigación inteligente, ordenada, cuidadosa. “La verdad” ha de estar “fundada” en un sólido cimiento intelectual. Su “carta de triunfo” es la comprobación “experimental”.
Los filósofos se limitan a “acosar” la verdad, como si fuese una fiera perseguida; una vez “la verdad” queda acorralada, ellos colocan la extraña criatura bajo una lupa. ¿Es azul? ¿Es amarilla? ¿Podemos confiar en las meras apariencias? ¿Será acertada nuestra formulación en palabras? ¿El idioma, nos permitirá entender algún trozo de la realidad? Los filósofos no saben nunca “a qué carta quedarse”. Son amantes de las paradojas. Cuanto más enterados estén de la historia del pensamiento, con más escepticismo mirarán “los objetos del mundo”.
Nicolas Maquiavelo.
Los artistas piensan con un “estilo” distinto al de científicos y filósofos. Generalmente admiten o aceptan lo que ven con los ojos y tocan con las manos. Son seres que sufren dolor al ver que “nuestro universo” incluye “horripilancias” de todas clases: desproporciones, inmoralidades, injusticias, cataclismos, enfermedades. Estas calamidades humanas “deberían” ser remediadas aplicando algunas reformas, “aparatos de prótesis”, ungüentos analgésicos. El artista pinta, compone, escribe, con la esperanza de crear un mundo distinto y mejor del que habitamos. Quiere colores hermosos, sonidos armoniosos, historias congruentes. El artista es maestro oficiante de un “artificio substitutivo” seductor.
Paul Cezanne.
Los políticos no proceden como los científicos, los filósofos, los artistas. Mientras el científico intenta “establecer” la verdad, el político prefiere ocultarla; mientras el filósofo duda de sus propias afirmaciones, el político “descarta” aquello o “difunde” esto, sin la más mínima preocupación por la “consistencia” de sus palabras. Tampoco le interesa embellecer el mundo, ni transformar la manera de contemplarlo. Prefiere valerse de las cojeras, debilidades, mentiras, que vapulean las sociedades, agarrarse de ellas como si fueran tablas de salvación. ¿Maquiavelo, Cezanne, Platón, Einstein, tienen algo en común?
Santo Domingo, R.D., martes, 22 de febrero de 2011.
http://www.hoy.com.do/opiniones/2011/2/21/363418/A-PLENO-PULMONLos-formatos-mentales



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