A PLENO PULMÓN//
FEDERICO HENRÍQUEZ GRATEREAUX
En todas partes del mundo los cementerios son preservados. En primer lugar por la tradición de respeto religioso a los muertos; también porque los familiares se empeñan en cuidar sus tumbas. Las tumbas y monumentos funerarios se limpian; los adornan con relieves, estatuas, lápidas de mármol o granito. El resultado es que cada cementerio contiene numerosas obras de arte. Visitar un cementerio viejo ofrece a la vista un resumen de la historia de la ciudad donde se encuentra. Son famosos: el cementerio del Pere Lachaise, en París, el de La Recoleta y La Chacarita, en la ciudad de Buenos Aires.
Cementerio Nacional, Arlington, VA.
El lingüista y novelista Umberto Eco publicó el año pasado una novela titulada “El cementerio de Praga”, una historia de espionaje internacional y antisemitismo. El cementerio judío de Praga “alberga” muertos del siglo XV; fue cerrado a finales del siglo XVIII. Allí se amontonan las lápidas unas sobre otras; pero se conservan y respetan, a pesar de las muchas persecuciones de los judíos. Tumbas suntuosas, humildes nichos, sobreviven después de más de seis siglos. El cementerio de Praga es hoy, paradójicamente, una “atracción turística”.
Tumba profana en un cementerio de Santo Domingo, D.N.
En Santo Domingo los cementerios no son respetados, ni conservados; son saqueados, destruidos minuciosamente. Las personas que poseen costosos mausoleos ya no saben si podrán mantener sus muertos en el mismo lugar… “descansando en paz”. El desorden de nuestro país abarca a los vivos y a los muertos. Las tumbas ordinarias de las familias de clase media se quedan sin lápidas, sin floreros. Los féretros son extraídos de los nichos y vendidos al mejor postor. Con los certificados de propiedad del terreno se hace toda clase de “trampas notariales”.
Vista de un cementerio en Cartagena.
Calles de acceso entre tumbas son ocupadas por construcciones ilegales que impiden entrar ataúdes a los “panteones” vecinos. El “dueño” de la tumba descubre un día que le han “inhabilitado” la “última morada” que edificó para “los viejos”. Los “albañiles mortuorios” constituyen un monopolio que “dispone” lo que le da la gana. Han montado un lucrativo negocio de “bienes raíces finales”. El cementerio de la Máximo Gómez, el de Cristo Redentor, son la misma cosa. Las personas acaudaladas piensan que comprando en campos santos privados el desorden del país no les alcanzará.
Santo Domingo, R.D., martes, 03 de mayo de 2011.




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