Velkys Zouain de Castaños
En estos días en que se acercarán las familias para celebrar la hermosa tradición del Día de las Madres, hago un recuento introspectivo de cómo hemos avanzado las mujeres en el ámbito de nuestro propio desarrollo personal y promoción humana, gracias a los esfuerzos de aquellas personas que por distintas motivaciones han puesto su grano de arena o una inmensa roca, (tal roca sería la obra de nuestro Amado Redentor, Jesucristo), para reforzar las iniciativas de recuperar al género femenino del abismo en que algunos condicionamientos históricos y culturas nos ubican o nos ubicaron, dejando las consecuencias de muerte y retraso que conlleva como fruto ese triste pecado social de la discriminación de género.
Indiscutiblemente la naturaleza impone y la mujer, que engendra y da a luz a los hombres y mujeres, es la indiscutible protagonista de la construcción de la sociedad, es columna del hogar y tiene delante de si la gran oportunidad de posicionarse con altura en el sitial que le corresponde ejerciendo un liderazgo, que entrenado en la cotidianidad hogareña, trasciende y se extiende a toda la sociedad, sea a través del ejemplo de vida de sus hijos, sea en su capacidad de servir efi ciente y productivamente en su ámbito laboral, así como también aportando sus singulares ideas para el crecimiento de la comunidad social o municipal-política en que ellas vivan.
Llena de admiración hacia mis congéneres, vienen a mi memoria las vidas ejemplares de aquellas protagonistas de la historia de la humanidad que escuchamos desde nuestra infancia, que según nos explicaban nuestros formadores, realizaron con grandes esfuerzos sus importantes y heroicas hazañas. Y nos lo narraban con el fi n de sembrar en nuestros corazones ideales nobles y constructivos; o, también, con el señalamiento de otros personajes femeninos, dejarnos claro cómo puede uno equivocarse al tomar ciertos caminos que obligatoriamente nos llevarían a la ruina moral y a perder el rumbo del progreso.
Cuánta falta hace hoy que se retome la enseñanza de la historia, no sólo de la Sagrada, en la que la mujer lleva grandes lauros y que a muchos inspiró a aspirar a la santidad, sino también la historia científi ca, la historia de las civilizaciones, la literatura, la historia de la música (en que algunas veces, se le atribuía a los hombres las composiciones de ellas), la historia del mundo de hoy, la heroica abnegación de las misioneras que cuidan de los pobres y desamparados, el valiente desempeño de las maestras, la abnegación de las madres que llenas de amor cuidan de cada hijo como si fuera el único y lo arrancan de los brazos de la muerte, pasando días sin dormir frente a su lecho de enfermo.
Ante tantas corrientes de pensamiento y propagandas peyorativas, sobre el papel fundamental e insustituible de la mujer, corrientes que hoy quieren desilusionarnos del privilegio hermoso de aspirar a ser madres, esposas amadas, ciudadanas respetadas, y líderes de nuestros hogares y por ende de nuestra sociedad en su conjunto, las invito a leer la carta que el beato Juan Pablo II, durante su papado escribió a las mujeres (Carta a la Mujeres 1995), cito: “… Mirando este gran proceso de liberación de la mujer, se puede decir que ha sido un camino difícil y complicado, y alguna vez no exento de errores, aunque sustancialmente positivo, incluso estando aun incompleto por tantos obstáculos, que en tantas partes del mundo, se interponen a que la mujer sea reconocida, respetada y valorada en su peculiar dignidad”.
Y más adelante sigue diciendo Karol Wojtyla: “sin embargo estoy convencido que el camino para recorrer libremente la senda del pleno respeto de la identidad femenina no está solamente en la denuncia, aunque necesaria, de las discriminaciones y de las injusticias, sino también y sobre todo en un efi caz e ilustrado proyecto de promoción, que contemple todos los ámbitos de la vida femenina, a partir de una renovada y universal toma de conciencia de la dignidad de la mujer”.
Interpretando esta motivadora y oportuna carta de Su Santidad, entiendo que hoy más que nunca tenemos un nuevo reto: Decidir salir de la ignorancia en que nos hemos nosotras mismas sumergido, al aceptar las cadenas del materialismo vanidoso.
Llenarnos de los nobles principios que inspiraron a nuestras heroínas que permanecen en el recuerdo de la humanidad como antorchas encendidas en medio de la noche más oscura.
Que sigamos anunciando la justicia que ejercemos día a día en cada decisión hogareña, laboral o de Estado.
Y que el amor sea enarbolado como nuestra única bandera, el amor bien entendido como caridad y entrega generosa, búsqueda de la verdad que engendra la Paz.
¡Feliz, feliz Día de las Madres!
Santo Domingo, R.D., domingo, 29 de mayo de 2011.


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