Teófilo Quico Tabar
En un encuentro celebrado en el Centro Masónico de Ciudad Nueva, en el que el profesor Juan Bosch fue invitado especial, uno de los presentes le preguntó acerca de aquella fórmula de “Borrón y Cuenta Nueva”, que desde que la anunció crearon inquietudes en muchos jóvenes, que de alguna forma estuvimos opuestos a la dictadura trujillista.
Don Juan, con su característico estilo explicó que así como los católicos son bautizados para borrar el pecado original, del cual no son culpables directamente, así ocurrió con muchos dominicanos, que sin haber sido culpables de los actos cometidos por Trujillo, de alguna forma se había creado una especie de sentimiento de culpabilidad colectiva, y entendió conveniente contribuir a borrarlo.
Al escuchar esa explicación tan sencilla, pero cargada de tanta sabiduría, me hizo inclinar la cabeza y expresarle mi satisfacción, porque sin él predicar ni mucho menos hacer galas de la filosofía cristiana o de otra índole religiosa, fue capaz de poner en práctica el perdón y la reconciliación, que forman parte de los principios en que se fundamenta el humanismo cristiano.
Eso me ayudó mucho a profundizar en la idea de que las sociedades no pueden vivir eternamente estigmatizadas entre los que se consideran o se dicen buenos, pero actuando mal, y los que son señalados como malos, sin embargo su actuaciones no son tan diferentes de los que se consideran buenos.
La historia nos ha enseñado que casi todos, en momentos determinados utilizan los mismos métodos, con la diferencia de que pasan a ser buenos y justificables si los hacen ellos y malos si lo hacen los contrarios.
Y esa es una de las grandes cruces que llevamos los dominicanos a cuestas, viviendo en una sociedad compuesta por cúpulas políticas, económicas y sociales que cada vez más se comprometen y se acomodan con los métodos que les han servido a quienes solo tienen como norte el poder y todo lo que en el existe o habita. Una sociedad que cada día pierde la virtud del asombro, pues aquí todo se puede, se admite, se justifica, se acomoda o se paga.
Las cosas que antes constituían pecado, ya hoy sin necesidad de bautismo ni indulgencia, se borran con favores económicos. Nos quieren convertir en una sociedad que no solo pierde la capacidad del asombro, sino la vergüenza.
El dinero, los favores, las canonjías, los nombramientos, los contratos, las igualas y las compras, son las herramientas preferidas de esas cúpulas tradicionales y lamentablemente de algunas emergentes, que sin calidad pretenden reconocer o descalificar, mientras la corrupción, el narcotráfico, la violencia y el lavado dejan sus huellas y profundizan sus raíces.
Hace 50 años que nos despojamos de la dictadura trujillista, pero faltan muchos más para sacudirnos definitivamente de métodos, que aunque maquillados, perduran en las mentes de los que controlan las cúpulas de poder. Debemos acabar el trujillismo, pero de pensamiento, palabra y acción.



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