Pedro P. Yermenos Forastieri
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Con este artículo concluyo la serie a partir de la cual sustento mi tesis de que el presidente Leonel Fernández no obtendría un solo beneficio político de una potencial victoria electoral de Danilo Medina y que, por el contrario, ese triunfo derivaría para él una serie de riesgos que atentan contra su futuro político inminente, en el cual, está previsto su intento por retornar al poder en las elecciones del 2016. Esa circunstancia, incuestionable desde mi perspectiva, nos retrotrae al escenario electoral del año 2000, en el que la derrota de Danilo Medina se constituyó en el resorte que impulsó el regreso a Palacio de Leonel Fernández cuatro años más tarde. Nadie puede asegurar con certeza que eso se hubiese producido si el presidente dominicano del 2000 al 20004 hubiese sido Danilo Medina. De ahí que, con la habilidad que le caracteriza, Leonel Fernández hará todo lo posible por cubrir las apariencias, para preservar intacta la valoración que le profesa la maquinaria partidaria que pretende usar en sus planes cuatro años después. Ya lo veremos a partir del 20 de mayo del próximo año, conceptualizando sobre las causas de la derrota de su partido en las elecciones recién celebradas, entre las cuales, iluso sería esperarlo, no aparecerá ninguna atribuida al hartazgo que produjo en la nación una forma de gobierno que quedó descubierta como profundamente contradictoria entre lo dicho y lo hecho, irracional y sin ningún orden de prioridades lógicas.
Hasta ahora, los hechos en el PLD se están produciendo como los vislumbré. Respecto a la candidatura presidencial, su presidente, también del país, está cubriendo la forma, para preservarse de posibles acusaciones de no respaldar con entusiasmo a quien asuma dicha candidatura.
Sin embargo, en la realidad, actúa como a quien la buena suerte de su compañero parece no importarle y como si, por el contrario, procurara su fracaso electoral.
La pregunta surge de forma natural: ¿De haber sido el presidente el candidato de su organización, se hubiesen tomado las irritantes medidas que se anuncian al país con una crueldad sin límites?Es evidente que el primer mandatario está pensando y actuando más en función de sus particularísimos intereses y de su porvenir, que en el de su partido y su candidato.
Danilo Medina, el pobre, continúa atrapado en un dilema terrible: No saber qué le daña más, si acercarse al mandatario y a sus gestiones de gobierno, o guardar la debida distancia. De esa forma, enarbolar con posibilidades de victoria una candidatura, es casi un acto de magia.
Hay que colocarse en la piel de Danilo para comprenderlo y saber cómo debe sentirse ante una irritación colectiva que crece y de la cual él es más víctima que autor por no ser del todo responsable de decisiones que de seguro no comparte y que tiene que hacer malabares para quedar bien entre su partido, su gobierno y sus propios intereses electorales.
Danilo Medina sabe que lo peor del reciente paquetazo fiscal no es la escalada alcista de precios que provocará, sino la conciencia que tiene la gente de que hubo que llegar hasta él por el pésimo manejo que se ha hecho de los abundantes recursos de los cuales se ha dispuesto. ¿Qué quiere decir él cuando afirma que un gobierno no puede gastar más de lo que recibe?
A Danilo Medina no se le escapa que los inexplicables incrementos de precios de los combustibles son la expresión de un gobierno que no es transparente frente a un electorado que luce decidido a pasarle factura y que será él quien deberá pagar las consecuencias negativas de eso.
Danilo, en el contexto del país, es un buen candidato, pero le ha tocado saldar la vajilla que sólo parcialmente rompió. Y cuando un pueblo decide cobrar, no existe artificio que lo detenga. Estar en su piel, es sentir pena por él.
Santo Domingo, R.D., sábado, 25 de junio de 2011.


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