miércoles, 1 de junio de 2011

Un pobre desarrollo humano 50 años después

EDUARDO ÁLVAREZ

Medio siglo después de la caída de Trujillo vivimos una etapa política y económica que nos deja sin motivos para celebrar la libertad y democracia legadas por los hombres y mujeres que dieron sus vidas antes y después del tiranicidio del 30 de Mayo de 1961. Manolo no luchó por esto. 

El presidente Leonel Fernández y el PLD nos aguaron la fiesta a todos los dominicanos. Este 50 Aniversario nos sorprende en medio de un régimen infame e infeliz que reparte prebendas y botellas en vez de educar y prevenir a la población de epidemias como la tuberculosis y el cólera. 

En los últimos cinco años, hemos descendido en materia de desarrollo humano. Invertimos en salud apenas 1.9 por ciento del gasto público, mientras invertimos en educación menos de la mitad de lo establecido por la ley. 

Los gastos de consumo final en cada hogar reflejan un estado de pobreza y elevado índice de desempleo, resultado de la fastuosidad, el despilfarro y los niveles de corrupción que arropan la administración pública. 

El Gobierno se prepara para sumar 30,000 millones de pesos a la ya insostenible deuda pública, comprometiendo las finanzas del Estado en mas de un cincuenta por ciento. Igual, anuncia un incremento de un 8% en la tarifa eléctrica, en medio de apagones, combinando ingredientes tan explosivos como inaceptables. 

El desarrollo humano es para la gente, objeto y sujeto del desarrollo. Debe importarnos las necesidades y aspiraciones de la población. Sin embargo, el presidente Fernández y el PLD han sacado de su agenda todo lo que favorezca a las grandes mayorías. Han limitado su gestión a engrosar sus capitales, incrementando enormemente el gasto corriente, construyendo un costosos e inoportunos sistema de trenes, túneles y elevados, dejando sin recursos a la salud y la educación. Mandaron el 4% a la porra. 

Del mismo modo, las acciones clientelistas disfrazadas de programas sociales privan a las personas de participar en el proceso de generación de ingresos y lograr un empleo digno y bien remunerado. 

Esta es una realidad que no rinde tributo a los héroes el 14 de Junio y del 30 de mayo. Mucho menos a quienes se inmolaron años después en las luchas revolucionarias. El coronel Fernández Domínguez, Caamaño, Amin Abel y Maximiliano Gómez dieron sus vidas, no por esto, sino por una sociedad más justa. 

Se les honra emulando su ejemplo. Los actos propagandísticos y cosméticos, propios de los peledeístas, corresponden, más bien, a huecas formas apartados de los ideales democráticos y los valores humanos por lo que lucharon estos grandes dominicanos.

Santo Domingo, R.D., miércoles, 01 de junio de 2011.

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