lunes, 11 de julio de 2011

Caamaño en Europa (1966-1967)


HAMLET HERMANN

Mañana será martes 12 de julio de 2011, una de esas fechas que no se conmemoran en República Dominicana porque recuerda las luchas victoriosas del pueblo. Este tipo de memoria, la que recuerda la dignidad y el patriotismo nacional, está vedado para los gobiernos entreguistas y vergonzantes.

Para ellos, es preferible declarar día festivo la fecha de la Constitución traidora del infame general Pedro Santana y celebran hasta el día de unos Reyes Magos que nunca existieron en la historia cristiana.

El 12 julio está proscrito de la memoria de las autoridades porque un día como ése de 1865 se inició la salida de las tropas españolas que nos habían ocupado como colonia desde cuatro años atrás. Apenas dos días habían pasado desde que se proclamara el final de la guerra dominico-española por la restauración de nuestra condición de república independiente y soberana. El pueblo había triunfado y eso debía ser ocultado de las páginas de la historia

Francis Caamaño.  

Otro 12 julio, esta vez de 1924, se restaura el estado dominicano y la bandera y el himno nacionales pueden volver a flotar por los aires de esta nación, supuestamente, independiente. Ese día tomó posesión de la Presidencia de la República el general Horacio Vázquez, con lo que se declaraba finalizada la ocupación colonial de nuestro territorio por parte de Estados Unidos de América y la salida de sus tropas. Otra vez salimos a planchar la estrujada bandera, mancillada por la deuda externa y la expansión desmesurada del imperio por las aguas del mar Caribe.

Por nuestra parte este 12 julio celebraremos, que es diferente a conmemorar, poniendo en circulación un libro que tiene mucho que ver con la lucha antiimperialista de nuestro pueblo. “Caamaño en Europa (1966-1967)” es un libro que narra y analiza el exilio colectivo como arma política usada contra aquellos militares dominicanos que se atrevieron a enfrentar a las tropas invasoras de Estados Unidos en 1965. El ostracismo fue el método utilizado por los funcionarios estadounidenses para desarraigar a los patriotas y desintegrarlos como grupo social que pudiera organizarse política o militarmente.

Esta obra concentra su atención sobre el coronel Francisco Caamaño Deñó, líder de los constitucionalistas, quien trató hasta el final de su vida de cumplir el juramento que había hecho ante el pueblo dominicano al renunciar a la Presidencia de la República en armas el 3 de septiembre de 1965. Juró entonces “luchar por la vigencia de las libertades democráticas y los derechos humanos y no permitir intento alguno para restablecer la tiranía.”

A lo largo de esta obra se muestra crudamente el temor permanente en que tuvo que vivir el pueblo dominicano mientras estuvo sometido al terrorismo de Estado del gobierno de Joaquín Balaguer desde sus inicios en 1966. Descubriremos, además, el patrocinio político y material de los representantes de la Doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos, en la etapa más aguda de la guerra fría. Caamaño estuvo siempre consciente de la vigilancia constante y permanente que mantendrían sobre él los servicios de espionaje del Reino Unido y de Estados Unidos. Pero eso no modificó decisivamente sus propósitos, sino que lo obligó a ser más cuidadoso y precavido.

Decidido a retornar al país a cualquier precio, Caamaño desaparecería de la vida pública el 25 de octubre de 1967. Se trasladaría subrepticiamente a Cuba. Allí encontraría la ayuda solidaria que no había podido conseguir siquiera entre sus propios compañeros militares.

Como expresara Manuel Matos Moquete en uno de sus escritos: “Francis Caamaño llegó solo a Cuba. Sin sus amigos Coroneles, compañeros de armas en la Revolución de Abril; sin sus cercanos colaboradores de aquella época que hoy aparecen en fotos de archivo.”

Ninguno de los militares constitucionalistas que estaba en Europa y que había jurado defender las libertades democráticas, seguiría sus pasos, tal como se habían comprometido a hacerlo. Se marginaron gradualmente y algunos tránsfugas pasaron al servicio de la represión balaguerista. Sólo Claudio Caamaño Grullón, entre los militares defensores de la constitucionalidad, cumplió con el juramento de fidelidad y de compromiso de lucha con el héroe nacional, Francisco Caamaño Deñó.

Santo Domingo, R.D., lunes, 11 de julio de 2011.

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