EDUARDO ALVAREZ
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La educación debería ser el último pretexto para la estupidez. En ella encontramos el más efectivo antídoto contra las simplezas y el engañó. Y no es más que una engañifa esa de intentar traspasar a los colegios la indignación provocada por el paquete fiscal recién impuesto por el Gobierno.
Traspasar la ineficiencia estatal al sector privado –en este caso, a las que imparten educación-, es tremenda irresponsabilidad, con todos los ribetes tramposos de quien improvisa. Siempre se le ve el refajo.
Las escuelas privadas suplen la ineficiencia estatal en la formación básica, así como las empresas de guardianes y seguridad han reemplazado en casi un 80% a las instituciones encargadas de mantener el orden, la tranquilidad y la seguridad ciudadana.
Igual ocurre con la salud, el agua potable, el transporte y el servicio de energía. Nadie, con dos dedos de frente, expone su vida, tranquilidad y sustento a las ofertas del Estado en estos renglones.
Volvamos a la educación, que es de lo se trata. Estos planteles deben asumir una responsabilidad social de primer orden por la esencial naturaleza del servicio que ofrecen.
Sin embargo, es de sentido común entender que son compañías cuya permanencia y crecimiento depende de los beneficios que reciban. Para transcender, deben ser, además de moral, organizadas e interesadas.
El gobierno engrosa las cuentas públicas a costa de la iniciativa privada, sin dar respuestas a las demandas fundamentales de la población. Este del PLD ha sido un eficaz recaudador, pero un pésimo administrador, dejando con manos libres a la más insaciable prole de funcionarios corruptos que haya tenido la República desde su fundación.
El Consejo Nacional de Educación rechaza un alza en las tarifas de inscripción. Pero no hay organismos a los cuales recurrir para repudiar la voracidad fiscal y la corrupción administrativa. A no ser las protestas, por supuestos.
De manera que cebarse y promover el rechazo a los colegio es una tontería y una de las variadas formas de escurrir el bulto a que nos tiene acostumbrado el PLD. Apostando, desde luego, a que todos los dominicanos somos unos pendejos. Esta vez, pueden perder.
Santo Domingo, R.D., viernes, 08 de julio de 2011.


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