LUIS SCHEKER ORTIZ
Confieso que nunca fui bueno en matemáticas. El álgebra y la trigonometría eran mi Némesis. Las ecuaciones, la raíz cuadrada y los teoremas (LQQD) me sacaban de quicio, a pesar de tener muy buenos profesores: Manolín Troncoso, la Ramón, Castro Colón, tuve que tomar clases particulares, pudiendo sacar algún provecho de las figuras geométricas cuando, en tiempo asaz peligroso, comenzaba a razonar y especular sin atreverme a incursionar en la política.
Por eso, escuchando el magistral discurso del Presidente del Partido de la Liberación, y sus loas a su obra de gobierno, no dejo de admirar a quienes juegan con los números. Me parecen prestidigitadores fabulosos.
Y me asalta la duda de qué podría hacer el sempiterno aspirante, Danilo, a quien le guardo respeto, o cualquier otro para superarlo: “Continuar lo bueno, corregir lo malo y hacer lo que nadie ha hecho”, ya que todo lo que se podía hacer se ha hecho y todo lo que se ha hecho es bueno y no hay nada que corregir ni de qué quejarse o arrepentirse, excepto de heredar un mal gobierno hace ocho años, y aún así estamos disfrutando del mejor Gobierno del mundo, del “mejor presidente que hemos tenido y que tendrá la República Dominicana” en palabras sacras de la Primera Dama, a despecho del resultado de la insólita encuesta CID Gallup y de una gran parte de la población que no siente ni percibe los efcctos benéficos que colocan a la República Dominicana en una situación económica privilegiada, donde nuestra economía crece y no deja de crecer a pesar del desastroso desempeño de la economía mundial y de la magnitud de la crisis que ha perturbado aun a países ricos (Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Francia) que han visto decrecer su economía y su deuda incrementarse.
Volviendo a las figuras geométricas, estas me permitieron apreciar lo que podía verse del régimen del Generalísimo, distinguir verdades a medias de mentiras completas, sin perderme en logaritmos o guarismos, partiendo de cierto silogismo que me lucía apropiado para sacar mis propias conclusiones. Por ejemplo, el cuadrado, figura perfecta, con sus cuatro lados iguales, reflejaba la imagen del régimen: estable, centralizado, autoritario, de mentalidad estrecha. El triángulo en sus distintas modalidades me resultaba interesante: Equilátero: todos sus lados y ángulos iguales, para la maquinaria del gobierno, conducían a un sólo propósito: la perpetuación del régimen dictatorial.
El Isósceles, con sus variantes, dos lados iguales y uno desigual, que servía para ilustrarme que en el régimen, no obstante su podredumbre, existían servidores sin mancha, sin alma de mártir ni de héroes, pero libres de corrupción y de sangre. El Escaleno, de líneas desiguales convergían hacia otro fin: desestabilizar. Eran los opositores radicales, valerosos, imprescindibles (la raza inmortal) que escribirían el epitafio del régimen. Otra figura importante, digna de estudio y reflexión, la Circunferencia. El régimen se reciclaba. Parecía no tener comienzo ni fin. Algo de hechicero tenía, daba vueltas y vueltas y volvía una y otra vez, siempre a lo mismo.
¿Qué decir ahora? Cambios ha habido positivos, pero 1. La forma en que se desenvuelve la vida política y social de la nación, sigue siendo un círculo vicioso que parece eternizarse, sin hálito de esperanza. 2. Los gobernantes y los partidos políticos, con su estrecha visión, parecen “encerrados entre cuatro paredes y un techo.” Perfectamente ciegos, sordos, o creyendo a los demás idiotas.
3. Los poderes del Estado, que conforme con la Constitución deberían ser como un triángulo equilátero, equilibrado, iguales e independientes entre sí, lucen cada vez menos auténticos, más maleables. 3. La oposición semeja un escaleno, que no logra ocupar su espacio unitario y encontrarse consigo mismo. Como esos WikiLeads se dejan sentir de vez en cuando para llenar de espanto y cubrir de ignominia a hechiceros.
Santo Domingo, R.D., miércoles, 27 de julio de 2011.
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