Teófilo Quico Tabar
De manera insistente, algunos dirigentes políticos sobre todo del gobierno, al igual que analistas y comunicadores, manifiestan críticas y preocupación respecto a lo que llaman triunfalismo de parte de algunos miembros o dirigentes de los equipos de campaña de Hipólito Mejía, como si se tratara de algo dañino; sin embargo, esas actitudes en realidad no son malas, pues casi siempre son manifestaciones de júbilo y confianza, probablemente mal interpretadas.
Los expertos definen el triunfalismo como: “Una actitud exagerada de seguridad o de superioridad sobre los demás, manifestada por alguien que confía excesivamente en sus capacidades”. Esto es, que las manifestaciones de triunfalismo no dependen de un dirigente, de un candidato o de una organización, sino que cualquier persona involucrada en un proyecto puede reflejar esa actitud, sobre todo si tiene pleno conocimiento de las herramientas con que cuentan; la mayoría de las veces, como destellos de alegría o forma de insuflarle ánimo a sus correligionarios, compañeros o camaradas.
Así ocurre cuando algunos dirigentes comprueban el apoyo y entusiasmo con que la gente recibe a su candidato; la solidaridad que los diferentes grupos sociales le brindan; los resultados positivos de las encuestas; la integración de gente nueva, sobe todo jóvenes que nunca habían participado o votado, lo que los motiva de tal manera, que pudiera interpretarse como optimismo excesivo.
Más aún, cuando los dirigentes conocen las interioridades de sus equipos de trabajo y confían en ellas, pero sobre todo en su candidato, de alguna forma se proyecta como triunfalismo, lo cual, siempre que sea administrado adecuadamente, reportará resultados positivos.
'Cheerleaders' durante un juego de baseball de grandes ligas.
En todo el mundo y en cualquier actividad competitiva, una de las tareas más importantes de los equipos de dirección, es la de procurar y organizar grupos que motiven y les inyecten entusiasmo a los demás. En tal sentido, es frecuente escuchar en las actividades deportivas decir, que cuando un equipo juega en su propio terreno tiene cierta ventaja, pues además de tener más seguidores, cuentan con fanáticos organizados, que de alguna manera les trasmiten energías positivas.
Es tan importante mantener el entusiasmo y el espíritu del triunfo en alto, que incluso cuando los expertos dicen que no siempre son aconsejables las manifestaciones triunfalistas y hacen recomendaciones a ser comedidos con algunas actitudes y en determinadas ocasiones, son específicos en señalar que: “El triunfalismo solo resulta preocupante, cuando considerando que la victoria está asegurada, pueda conducir a la pasividad, o sea, a bajar la guardia”. Lo que algunos denominan: Dormirse en sus laureles.
Pero sentirse optimistas, sudar entusiasmo, manifestar emoción y hasta triunfalismo en ciertas declaraciones, bajo ninguna forma puede considerarse negativo, siempre que las acciones, las voluntades, el trabajo y la planificación continúen su ritmo normal hacia la conquista del poder.
Preocupación deberían tener quienes perciben que en sus filas se reflejan actitudes pesimistas y falta de entusiasmo. Que la militancia está apática y el pueblo no responde con entusiasmo. Pero manifestaciones de alegría y entusiasmo, aunque se le llame triunfalismo, son positivas.
Santo Domingo, R.D., Jueves, 13 de octubre de 2011.


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