
Eduardo Alvarez
No hace falta ser Presidente durante doce años para estar convencido de que las lealtades de funcionarios, legisladores y otros favorecidos, obedecen a la alta dignidad que se ostenta y no a quien la haya abandonado, como ave de paso. Leonel Fernández no necesita repetir esa experiencia para aprenderla.
Mostrarse despreocupado mientra la economía y la seguridad ciudadana se viene abajo –cual Nerón tocando la lira-, no es, desde luego, su único aprendizaje. Si no lo sabrá, ahora que arregla sus maletas para tomar unas forzadas vacaciones, que espera no extender por más de cuatro años. Ya tuvo la primera.
Nadie le puede hablar de tránsfugas, desamores y olvidos. Llegó, se fue y volvió. De manera que ha vivido la gloria de los aplausos y las amarguras en días azules, sin algarabías ni confetis. Sabe que los senadores, diputados y síndicos que hoy siguen su sombra en el propio PLD, se marcharán, mañana, a refugiarse bajo otro árbol, frondoso y cargado de frutas. Tanto o más prodigo. El último bocado es el que llena, y esto ya debe ser para Leonel una simple perogrullada.
Al fin y al cabo, una verdad de a puño, harto probada durante siglos, en diferentes formas de gobierno y las más variadas culturas. Por tanto, nadie tiene que contarle sobre la forma de transferir o preservar gran parte del poder que tiene en sus manos. Depende, por supuesto, de todo lo que pueda hacer para mantener el control del PLD, posibilidades que se verían seriamente cuestionadas y reducidas si Danilo Medina fuera electo presidente el año entrante. Dos gallos no cantar en un mismo gallinero y, como quiera que sea, en este país un Presidente es un Presidente. Es eminentemente presidencialista.
Poco importa que su esposa pueda ser la segunda al mando, sobre todo en un país como el nuestro donde los vicepresidentes no son otra cosa que figuras casi superfluas, cuya preeminencia depende de la voluntad del jefe del Estado. Las flores tendrían que ceder espacio a los dulces. No más de ahí. Los grandes contratos y negocios están reservados para el Presidente. Sería una gran ingenuidad suponer que Leonel Fernández desconozca el transfuguismo en toda sus facetas y probabilidades.
Sólo un par de ilusos e ignorantes pueden esperar que, con todo el poder que ha logrado acumular, esté dispuesto a compartirlo, poniendo en juego el trono del halagador calificativo del Príncipe, halagador calificativo arreglado por un amplio coro de periodistas y comentaristas pagados. Evidentes Cicerones, inconsecuentes, dispuestos a brincar la cerca para cantarle al que, dentro de unos meses, firme los decretos y ordene los cheques. El control del Congresos, con los poderes que se derivan de él, cambiaría de nombre, de registrar el PLD, en su nómina, a otro Presidente que no sea Leonel Fernández. El mapa congresual no sería el mismo en este escenario.
Nuestras apreciaciones pueden parecer profecías, pero lo cierto es que están fundamentadas en realidades históricas y la falta de unos valores morales que el propio PLD se ha encargado de minar, promoviendo el clientelismo, la francachela, el transfuguismo y todo tipo de artimañas que vulneran la democracia, volcándose contra ellos mismos.
Plantea un asunto de poder que desborda los intereses y estrategias del actual candidato presidencial del PLD, también legítimo y lógico aspirante a suceder a Leonel Fernández en los mandos de ese partido y del Congreso, en los que ha visto reducida su influencia. Tamakún, el vengador errante, no podría con tanta rabia. Y quién mejor que el Príncipe para saberlo y jugar, ahora, las cartas que le convengan. Nos resulta inevitable imaginarlo repartiéndolas –guardando una debajo de la manga-. O tirando los dados, invariablemente cargados. Habilidades estas, también aprendidas en el poder.
Santo Domingo, R.D., Sábado, 12 de noviembre de 2011.

No hay comentarios:
Publicar un comentario