Eduardo Álvarez
La acumulación de tanto poder arrastra más lacras que las ventajas que representa ostentarlo de manera absoluta. Es el dilema a que se enfrenta el presidente Leonel Fernández cuando abandone la presidencia en unos meses.
La desconfianza en grado extremo es una de esas taras. Se le presenta desbordante como los poderes que ha logrado acumular. Incluso va más allá de su partido, sin que, necesariamente, sea mucho decir.
Es determinante disponer de mayores privilegios supremos, incluyendo el manejo del presupuesto y las designaciones oficiales. Fuera del poder todas las agravantes les desfavorecen, sin importar quién sea el nuevo Presidente. De eso y volar chichiguas nadie le puede contar algo nuevo. Supongo.
Ulises Hereaux (Lilis) en su despacho.
Ser un objeto y no un sujeto del poder es una de las lacras que mas ha dañado y enajenado a hombres de Estado en todas las épocas, cuyas intenciones originales distaban de ser las que les degradaron espiritualmente, al final de sus días. Ni Lilís ni Trujillo llegaron con la intención de hacerse dictadores.
Se fueron moldeando en el uso del poder. Mandaron a la porra sus ideales y principios –si los tuvieron-, presas de las ambiciones, los halagos exagerados y, sobre todo, del miedo. Es aterrador volver a una vida normal, cuando el poder es desbordante. Más aún cuando, en su gobierno, se ha entronizado el abuso y el enriquecimiento apresurado de unos cuantos.
Es probable que sea el instinto de conservación, por efecto del temor, lo que les haga volver a la realidad, tras quedar atrapado en su mundo maravilloso. Es comportamiento que parece afectar a quienes asumen el poder en una sociedad sin instituciones fuertes, como la nuestra.
1934. Rafael L. Trujillo y Bienvenida
Ricardo, su segunda esposa.
Santo Domingo, R.D., viernes, 23 de diciembre de 2011.



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