I
Previo a las elecciones escribí algo que deseo reiterar: Con independencia del resultado del recién transcurrido proceso, el país no tiene motivos válidos para celebrar porque en esencia nada ha cambiado. El Estado nuestro continuará dirigido por los mismos criterios e idénticos protagonistas, los cuales son corresponsables de la circunstancia de pobreza, marginalidad y subdesarrollo que caracteriza a la mayoría de nuestra población.
Las causas que determinaron esos resultados deben ser divididas en dos partes. La primera corresponde a las fallas que acusa el sistema político dominicano, el cual se caracteriza por una absoluta carencia de institucionalidad que propicia un escenario competitivo de total inequidad, donde el partido que controla el poder ejecutivo tiene una inmensa ventaja sobre los demás.
De esa minusvalía son responsables los tres partidos que han gobernado la república después de la muerte de Trujillo, cada uno de los cuales, estando en la oposición se queja con fruición de esa realidad, pero una vez instalado en el solio presidencial no hace nada por subsanarla porque prefiere continuar beneficiándose de la misma. Es por eso que cuando alguno asume el papel de víctima, carece de suficiente autoridad para reclamar porque ha ejercido similar rol cuando ha estado colocado en el sitial del verdugo.
La segunda causa que incidió en los cómputos finales del certamen atañe a las realidades internas de los partidos concurrentes; a los matices que primaron en los procesos de selección de sus candidaturas; a la eficacia o torpeza de sus tácticas y estrategias; a la campaña desarrollada y a los aciertos o desatinos en los cuales incurrieron los candidatos presidenciales.
Esta última vertiente de los hechos suele ser eludida por los perdedores porque es más cómodo escudarse en la verdad irrefutable de que la competencia se lleva a cabo en desventaja con respecto a los detentadores del poder. Pero eso no lo explica todo y mientras los partidos se resistan a analizar con seriedad el conjunto de variables, me temo que nuevas derrotas les aguarden.
Me hago cargo de que en una escala de prioridades, los vicios del sistema y la desigualdad de oportunidades constituyen causas superiores, pero los análisis de procesos estarían sesgados si no contemplan todas sus aristas.
Establecida la primera causa como razón esencial de generación de resultados, analizaremos desde el martes las variables propias de los partidos que no pueden ser desdeñadas si se pretende ser riguroso en la evaluación.
Santo Domingo, R.D., viernes, 25 de mayo de 2012.

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