sábado, 26 de mayo de 2012

Más sobre la reflexión anterior y otras



Jorge Herrera

En el artículo del viernes anterior, dejé sentado que el proceso comicial del domingo pasado podía ser una nueva frustración si el presidente Fernández se empecinaba en instaurar una dictadura constitucional con la permanencia del PLD en el Poder. También afirmé que dejaría al desnudo que la institucionalidad del país en materia electoral sigue siendo una  quimera.

En efecto, mi suspicacia, denunciada durante todo el proceso y reiterada dos días antes de los comicios, como ya dije, quedó justificada con lo ocurrido. Cuando surgió la controversia por el afán desmedido del presidente de la Junta en imponer a Franklin Frías al frente del área de cómputos, adelanté que el fraude provendría de ahí, por cuanto falsear la verdad nunca ha sido tan fácil como ahora.

Sin temor a equívoco, afirmo que “los resultados” del torneo electoral pasado fueron el fruto de una conspiración con todas las agravantes que tipifican la comisión de un verdadero crimen al amparo de nuestro Código Penal: premeditación, mala fe, acechanza, alevosía y ventaja. Desglosar cómo se manifestaron esas prácticas perversas, es perder el tiempo. “Para lo que está a la vista, no se necesita espejuelos”.

En uno de mis escritos semanales enmarcados por el proceso, me referí a la metodología sofista que les enseñó Bosch a sus seguidores, través de los círculos de estudio, y que continúa con el “baje de línea” del CP peledeísta. En esa ocasión denuncié que no podía ser casual la coherencia en el  discurso de sus miembros en cuanto a la imposibilidad de un fraude informático.

El fraude informático, electrónico o como se le quiera llamar, no sólo es posible, como advertí, sino que “per secula seculorum”, es y será la derivación de la voluntad perversa del hombre; por cuanto ese ente genérico, a pesar de las concepciones aberrantes, seguirá siendo  la medida de todas las cosas. Al hombre no lo sustituye nadie. El hombre es un dios en la tierra


Santo Domingo, R.D., sábado, 26 de mayo de 2012.

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