Jorge Herrera
En el artículo del viernes anterior, dejé sentado que el
proceso comicial del domingo pasado podía ser una nueva frustración si el
presidente Fernández se empecinaba en instaurar una dictadura constitucional
con la permanencia del PLD en el Poder. También afirmé que dejaría al desnudo
que la institucionalidad del país en materia electoral sigue siendo una quimera.
En efecto, mi suspicacia, denunciada durante todo el
proceso y reiterada dos días antes de los comicios, como ya dije, quedó
justificada con lo ocurrido. Cuando surgió la controversia por el afán
desmedido del presidente de la Junta en imponer a Franklin Frías al frente del
área de cómputos, adelanté que el fraude provendría de ahí, por cuanto falsear
la verdad nunca ha sido tan fácil como ahora.
Sin temor a equívoco, afirmo que “los resultados” del
torneo electoral pasado fueron el fruto de una conspiración con todas las
agravantes que tipifican la comisión de un verdadero crimen al amparo de
nuestro Código Penal: premeditación, mala fe, acechanza, alevosía y ventaja.
Desglosar cómo se manifestaron esas prácticas perversas, es perder el tiempo.
“Para lo que está a la vista, no se necesita espejuelos”.
En uno de mis escritos semanales enmarcados por el
proceso, me referí a la metodología sofista que les enseñó Bosch a sus
seguidores, través de los círculos de estudio, y que continúa con el “baje de
línea” del CP peledeísta. En esa ocasión denuncié que no podía ser casual la
coherencia en el discurso de sus
miembros en cuanto a la imposibilidad de un fraude informático.
El fraude informático, electrónico o como se le quiera
llamar, no sólo es posible, como advertí, sino que “per secula seculorum”, es y
será la derivación de la voluntad perversa del hombre; por cuanto ese ente
genérico, a pesar de las concepciones aberrantes, seguirá siendo la medida de todas las cosas. Al hombre no lo
sustituye nadie. El hombre es un dios en la tierra
Santo Domingo, R.D., sábado, 26 de mayo de 2012.

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