BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
Sabido es que el poder
absoluto corrompe absolutamente. Quienes hacen hasta lo indecible por dominar
una sociedad, en la borrachera del ejercicio del poder omnímodo, olvidan que la
historia enseña que a la tiranía se le opone la democracia y la libertad.
La conformación de una
superestructura constitucional y legal con fines de dominación conduce
directamente hacia el absolutismo, la opresión, el establecimiento de un yugo,
de un embudo por el cual la sociedad debe transitar debido al abuso de los
poderes cuyo manejo despótico y selectivo hará colapsar el sistema democrático
nacional.
La conquista de la división de
los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial permite sostener la mesa desde la
cual un gobierno que respete los derechos de la minoría, facilita el equilibrio
imprescindible para que la sociedad viva en paz.
La paz es un fruto directo de
la democracia y la democracia es el respeto de los derechos de los gobernados y
el ejercicio de la ley sin discrímenes.
Los últimos 51 años son una
gran lección que muchos no han aprendido.
Ya lo dice la Biblia, hay
quienes tienen ojos y no ven, tienen oídos y no
escuchan.
Si quienes ni ven ni escuchan
son los que mandan, la situación se convierte en un subibaja en el cual el
pueblo permanece inclinado en la parte más baja y en la parte alta una minoría
ensoberbecida, que piensa que los demás no se dan cuenta y aceptan la
imposición, llega a un nivel de engreimiento tal que irrespetan la inteligencia
y el valor, la sagacidad y el arrojo de los más.
Ello conforma un panorama muy
peligroso para la vida en una sociedad en la cual no hay garantías de que los
mandatos de la Constitución y las leyes serán administrados con justicia.
Entonces, llega el momento de
eliminar el desequilibrio del subibaja.
La confusión de quienes
manejan el poder puede llegar a ser tan profunda que algunos pueden llegar a
creer que la prudencia es cobardía.
En la construcción de la
democracia, logro por el cual debemos trabajar cada instante de nuestras vidas,
algunos ejercen el perverso modo de avasallar para intentar aplastar la natural
aspiración a vivir en un lugar donde el sol brille para todos con igualdad.
No es nuevo que un grupo de
ciudadanos intente alzarse con la nación como si fuera de su propiedad.
Nunca, nunca, la nación ha
sido propiedad de un hombre o de un partido aunque lo hayan intentado.
Ahítos de poder y de dinero
entienden que pueden abusar mediante el uso ilegal de la fuerza y que pueden
comprar a todos.
No es verdad que lo lograrán y
para eso está usted, aquel, el otro y yo. ¡Unámonos!

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