viernes, 24 de septiembre de 2010

Es justo todo lo legal





Atisbando //
Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Aquel jovencito fuerte, alto, engreído llegó al Tribunal de Primera Instancia de El Seibo para ser procesado por acuchillar un hombre hasta la muerte: el joven sólo tenía 14 años.

¿Por qué asesinó a un hombre mayor que él y más fuerte, según la descripción que se hizo en la sala de audiencias? Porque el hombre lo había abofeteado, golpeado y abusado, en medio de una discusión en un juego de béisbol.

La elaboración, discusión, maduración y aprobación de las leyes es una materia muy delicada, se legisla para el porvenir, el legislador necesita de toda su sabiduría, la de sus asesores y la de quienes no están de acuerdo con la legislación que se propone, que se discute, a fin de producir un texto equilibrado que permita tanto a gobernantes como a gobernados actuar dentro de un ambiente de justicia.

La justicia camina sobre el filo de una navaja afilada, ello explica tanta denuncia y comprobación de tanta bribonada, de actuaciones que hacen dudar de la capacidad jurídica de jueces y fiscales, de sentencias movidas por la corrupción.

Administrar la Constitución y las leyes es la tarea más elevada del hombre, recordemos a Juan Pablo Duarte: “sed justos, lo primero, si queréis ser felices”.

Pero ¿son justas todas las sentencias que emiten los tribunales?

La diferencia entre justicia e injusticia, entre buena y mala administración de las leyes es tan ligera como el aire que mueve el aletear de los colibríes.

La justicia no es una institución, la justicia es una decisión humana, legal, sana, equilibrada y aceptable por todos.

La tarea de los legisladores es de enorme responsabilidad, de tal firmeza de carácter que va mucho más allá de un sueldo inflado o no, merecido o inmerecido.

La tarea de los legisladores es regular la vida de hoy en adelante y adecuar las leyes votadas en el pasado a la situación actual. Nada más. Piense usted en la carga que ponemos en manos de hombres y mujeres que van al Congreso a buscar un buen sueldo y canonjías que lindan con la corrupción.

Por eso no me extraña que se espera que un candidato a diputado, en Brasil, pueda sacar un millón de votos, Tiririca, como le llaman, es un payaso de circo.

Fruto de la imitación, nos gastamos un Código del Menor que permite a una niña asesina gritar luego de sentenciada: "!Eso no es ná..., nosotros salimos en año y medio; to’ta bien!".

Ante esa expresión, una sobrina de los taxistas asesinados, le respondió: "No te apures, desgraciada, que te estaremos esperando para matarte”

www.maisongautreaux.net

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