Margarita Cordero
En estos días no puedo dejar de pensar en la calidad de las solidaridaridades subvencionadas por el Estado. Escucho, con persistencia de sinfín, la almirabarada cantaleta de las emociones que brotan de un corazón genéticamente bueno, piadoso, pletórico de conmiseraciones infinitas. Un corazón regocijado por el joven delincuente vuelto al redil, sangrante por la joven mujer vencida por el cáncer de mama, inundado de dolor por la familia paupérrima que fríe cartón, su único alimento, en un recóndito lugar de nuestra agreste geografía.
Pienso en esta solidaridad y vuelvo a Lipovetsky: la solidaridad como lifting, como bussines. Caridad mediática para el gran negocio, en este caso, de la política. Solidaridad esquizoide, también, porque procura separar la responsabilidad del Estado de aquello en que, precisamente porque se tiene una posición vicariamente relevante en el Estado, se invierte tan infinito caudal de bondades personales.
“Es la hora de las lágrimas en los ojos, de la dramatización de lo vivido, de los impulsos espontáneos y libres del corazón: no de la imperiosa necesidad de actuar, sino de la teatralización del Bien; la emoción hiperrealista del público catódico ha sucedido al idealismo de la obligación categórica”, dice Lipovetsky refiriéndose a lo que engloba bajo el epígrafe “el corazón y el show”.
La gente desprovista de dignidad. Objeto, no sujeto, de su destino ni de nada. Realty-show de la justicia impartida por la enjoyada mano magnánima que cumple el propósito que Dios tiene para su vida. Y todavía hay quien aplaude.
Lipovetsky se mezcla con Víctor Manuel: “el hombre que inventó la caridad/ inventó al pobre/ y le dio el pan”. Y todo para tratar de lucirse frente a un auditorio inmediato, y al que se supone más allá, como una madre Teresa tropical, voluptuosa, pero concebida para la política sin pecado original. La miseria como peldaño del ascenso. Los recursos irregulares como impulso.
¿Es este nuestro irremediable destino individual y colectivo?
(Reproducido de http://www.margarita-perdonenlamolestia.blogspot.com/)
Santo Domingo, R.D., jueves, 01 de diciembre de 2011.


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