martes, 19 de enero de 2010

Los dominicanos…



ATISBANDO

Por Bonaparte Gautreaux Piñeyro


Las últimas palabras del poeta Eugenio Perdomo, cuando lo llevaban a matarlo por ser seguidor de la Restauración de la República, fueron: “Los dominicanos cuando van a la gloria, van a pie”.
Pocas veces hemos tenido la oportunidad de ir a la gloria, pocas, muy pocas.
Sin embargo, hurgando en el pasado recuerdo aquel letrero grande que tenía pintado un bollo de hilo con una inscripción que decía: hilo Ancla, ello me permitió pensar, en mi infancia, que habíamos descubierto el hilo en bollitos.
Aunque no fue así, los dominicanos hemos sido pioneros en muchas oportunidades, no nos damos cuenta y permitimos que cualquiera nos quite las primacías que nos corresponden.
Por ejemplo, el merengue era un baile que se usaba para brillar las hebillas de las correas. Así se bailó durante décadas, hasta que alguien tuvo la infeliz ocurrencia de poner a varias personas a brincar delante de los combos y las orquestas y la gente, aquí y allá, pensó que así se bailaba y comenzó a imitar a las personas que parecen hacen ejercicios aeróbicos frente a los músicos.
Cambiamos la sensualidad del baile del merengue por los aeróbicos y las contorsiones, espasmos y convulsiones de los “bailadores” de las orquestas y combos.
América “descubrió” que se bailaba pegado, en un erótico ejercicio de sensualidad que los dominicanos ya había olvidado con una obsolescencia tal que fue enviado al baúl de los recuerdos.
Ese baile pegado, ese baile erótico, ese baile cuyos movimientos, recordaban el de brillar las hebillas de los hombres, se llamó lambada, se convirtió en un efímero escándalo de popularidad.
Nos dejamos quitar la primacía. Ya el baile del merengue, internacionalizado, había perdido su esencia erótica que tantos buenos momentos proporcionó a mujeres y hombres cuyos cuerpos nos tocábamos al ritmo de nuestra música.
Ya nos habíamos dejado quitar la primacía del son cuya defensa llegó tan tarde que ya adquirió ciudadanía cubana.
Aquel monstruo de metal colocado dentro del mar, frente al viejo hotel Jaragua, fue creado por el buen amigo Darío Meléndez, para obtener energía del movimiento de las aguas. Ocurrió en la década de 1960. Ahora se habla de la energía de las aguas como un gran descubrimiento, pero en su oportunidad no le prestamos atención a Darío.
El ingeniero Everaldo (Ubito) Roa del Rosario obtuvo energía de la basura y no se le hizo caso. Andaba como un Quijote intentando aprovechar los desechos.
Somos buenos, muy buenos, para burlarnos de lo nuestro y de los nuestros,
pero somos pésimos para reconocer los nuestros. ¡Qué lástima! Y nos atrevemos hablar de progreso. www.maisongautreaux.net

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