lunes, 1 de febrero de 2010

Reelección y manipulación de nueva Carta Magna

Orlando Gil

Posiciones

Los contrarios a la nueva Constitución se les fueron cerrando todos los caminos –uno a uno– y al final tuvieron que guarecerse en la posibilidad de que el presidente Leonel Fernández intente reelegirse. Si esa se da, batirán palmas: siempre tuvieron razón. Primero objetaron la oportunidad de la reforma y denunciaron su propósito como perverso: buscaba entretener a la opinión pública y desviar la atención de los graves problemas del país. Como no pudieron trastornar la iniciativa, reclamaron que las modificaciones se hicieran mediante una Constituyente, que consideraban era la vía adecuada y por la que el PLD había abogado una vez e incluida en su programa de gobierno. Tampoco prosperó esa idea, y se dedicaron entonces a realizar sus propios foros, sabiendo como sabían que sus conclusiones serían pajas para las garzas, pues no serían aceptadas por los dueños de la iniciativa, quienes a su vez llevaban a cabo una consulta por todo el territorio de la República y acogían sugerencias de los sectores más diversos de la sociedad. Mientras el gobierno “entretenía” a la población, ellos se entretenían entre sí, como siempre han hecho en su condición de grupos alternativos…

El baile

El PRD les dañó la fiesta, pues la nueva dirección se dio cuenta de que no tenía sentido bailar en enramada y en piso de tierra cuando podía hacerlo en el salón de un club de primera. Todo pelotero con visión sabe que si firma con los Cachorros de Chicago nunca va a llegar a Serie Mundial. Dicho, y hecho. Se produjo el acercamiento entre Miguel Vargas y Leonel Fernández, hicieron consenso en varios puntos, y a la Asamblea Revisora le entró el combustible que necesitaba, y desde entonces los trabajos avanzaron con posibilidades de arribar a la última estación. Los resultados están ahí: La nueva Carta Magna es obra del PLD y del PRD, que son los partidos mayoritarios, por lo que los antiguos resabios perdieron sus ímpetus. Incluso, la presencia del PRD hizo innecesaria la constituyente, pues el debate se hizo plural y variado. Nadie puede alegar exclusión, ya que quienes se quejen por haberse quedado fuera, saben que no fue por maldad, sino a consecuencia de su propia naturaleza. Si no pertenecen a ningún poder público, ni fueron objeto de elección, no pueden tener vela en un entierro ajeno…

La intención

La reelección, al parecer, es el último de sus recursos, y es interesante ver cómo se dan la mano los que van por la calle con los que están en la acera. Cuando se observa el movimiento que se organiza alrededor de la posibilidad de que el presidente Leonel Fernández acceda a un nuevo período, hay sospechar del Palacio Nacional. Ahí se aposenta el poder y su inquilino es el único en condiciones de reelegirse, pues para renovar un mandato, primero hay que tenerlo. Entonces, nadie puede suponer inocencia en los que promueven la idea y que con ingenio abren brecha para un tercero. Ahora, llama la atención que los más enfáticos correspondan a otros litorales, incluso de oposición. La contradicción, sin embargo, no debe sorprender, pues aquí se vive atajando para que otro enlace. Aunque en el caso la intención es clara: se quiere quitar importancia y utilidad a la participación de Miguel Vargas y el PRD, pues si su acuerdo fue para impedir la reelección seguida, y la misma se mantiene, su gloria, además de efímera, fue vana. El esfuerzo fue fallido…

La pelota

Este nuevo capítulo demuestra la manipulación al más alto rango. Del mismo modo que quisieron quitar autoridad a los asambleístas para llevar adelante su trabajo, ahora quieren demeritar los resultados. Verdad o mentira no es lo que importa, sino su talante decidido, que no se arredran ante nada, ni siquiera ante el hecho cumplido. El debate entró por el patio, pero ya está en medio de la sala y nadie puede ignorarlo, pues salta y brinca como un maco. Y si por ahora anda en boca de la oposición ¿que harán los oficialistas? Dicen que quien calla, otorga, pero quien habla justifica. El Presidente tenía la cancha, ahora la pelota...

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