Saúl Pimentel
Siendo un adolescente, viviendo en la sureña ciudad de San Cristóbal, fui testigo de un divertido hecho que hoy cuento como anécdota para luego pasar a hacer una reflexión con motivo del Día Nacional del Periodista:
Estábamos un grupo de mozalbetes en la esquina de las calles Padre Ayala y Manuel María Seijas, frente a un viejo caserón que durante muchos años fue la sede el Club Social Obrero 21 de Enero, antiguo 24 de Octubre. Nuestra conversación era tan animada que no nos percatamos de que un vendedor ambulante de frutas, de avanzada edad, desde hacía unos minutos nos preguntaba dónde quedaba un lugar que él andaba buscando. Ante su insistencia y debido a que interrumpía nuestra conversación, uno de nosotros exclamó:
-“Oye, pero este viejo si pregunta… ¿será periodista?”.
Grande fue nuestra sorpresa cuando observamos que el Vendedor se irritó profundamente y respondió:
-“Mire, má periodita é Uté, charlatán!!”.
Todos estallamos en una estruendosa carcajada al comprobar la animadversión que dicho señor tenía hacia los periodistas.
Cuando esto ocurrió, allá por la década de los 60, yo no soñaba siquiera con ser periodista, profesión que abrigué en mi vida adulta de manera coyuntural, inducido por mi hermano José, quien siempre ha sido un consagrado comunicador perteneciente a la denominada “guardia vieja” del periodismo pues laboró en Radio Comercial y otros medios de su época.
Ahora en el 2010, cuando “las nieves del tiempo blanquean mi sien” y observo una serie de actitudes y conductas erróneas en que incurrimos los periodistas, no tengo otra salida que admitir que tenía toda la razón al irritarse, aquel vendedor callejero que conocí durante mi adolescencia. Por más vueltas que he dado, debo reafirmar que la principal amenaza al ejercicio periodístico en la República Dominicana no proviene del Gobierno, los partidos políticos, el empresariado ni de ningún otro sector de poder, sino de nosotros mismos, los periodistas. Esto así, porque incurrimos en graves faltas de ética, no nos superamos profesionalmente, tenemos poca conciencia de clase y es notorio nuestro desinterés por el perfeccionamiento.
Llora en la presencia de Dios que a estas alturas abundan en los periódicos y demás medios de comunicación nacional los gazapos, y que la mayoría no dominemos las reglas gramaticales.
El sector periodístico dominicano no escapa a la división que afecta a los distintos estamentos de la sociedad dominicana. Es bien cierto aquello que siempre se ha dicho de que “el principal enemigo de un periodista, es otro periodista”.
Nunca como antes ha estado imperando en tan exagerada magnitud la vulgaridad, la aceptación de sobornos y, fundamentamente, la autocensura.
Es bastante grave y preocupante la falta de seriedad que exhibimos muchos de los que tenemos acceso a los medios de comunicación. Pero más grave aún es que, a pesar de lo anterior, la mayoría de la sociedad dominicana acepta ello como algo normal, lo asimila y hasta lo justifica.
En medio de este panorama de cosas entiendo que, en vez de celebrar, en esta Semana del Periodista lo mejor que pudieera pasar sería que nos pusiéramos a meditar y que finalmente hiciéramos un acto de contrición por las ofensas y daños morales que estamos ocasionando a una sociedad que, como la dominicana, es digna de mejor suerte.
http://almomento.net/news/135/ARTICLE/56737/2010-04-06.html
(El autor es periodista, director-propietario de ALMOMENTO.NET. Reside en Santo Domingo)

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