martes, 20 de julio de 2010

Danilo, Hipólito y Miguel





Eduardo Álvarez

Adulonerías, martingalas y golpes de estados constitucionales apartes, Danilo Medina, Hipólito Mejia y Miguel Vargas son las tres marcas a competir en el ’12. Citados en orden alfabético.

Son buenos ciudadanos, personas comunes, hombres de carne y hueso, como debe ser. Con sus debilidades y fortalezas, seres humanos cargados de errores y virtudes.


Danilo Medina, PLD

Danilo sabe qué hacer para aprovechar las riquezas naturales, educar y enrumbar hacia la modernidad y el desarrollo a los 10 millones de dominicanos que vivimos en estos 48,670.82 kilómetros cuadrados de llanuras, ríos y montañas.

Hipólito, como Presidente ni robó ni mató, sin dejar de cometer graves errores, entre ellos dejarse llevar por malos consejeros y farsas ilusiones del poder infinito, habituales en los que asumen la primera magistratura del Estado. Arrepentido de haber reintroducido la reelección, le falta borrar aquel infeliz enunciado sobre la eterna impunidad de los ex presidentes de la República.

Miguel, un gerente probado cuya fortaleza notable es, precisamente, ser el menos político de los tres. Suponiendo que un necesario pragmatismo supla esta insuficiencia.

Hipolito Mejia, PRD

Cualquiera de los tres sería, efectivamente, el mandatario que demande una sociedad digna de respeto y mejor suerte. Eso sí, deben jurar y prometer desde ahora ante el país que:

Recursos públicos en mano, no caerán en la tentación utilizarlos para engrandecer su imagen hasta endiosarse, usufructuando el carácter infinito y absoluto del Estado.

Darán un vivo ejemplo de generosidad y sencillez, sin olvidar que el Presidente de la República no es más que un empleado público elegido por cuatro años, bien pagado, sólo con mayores compromisos y responsabilidades que los demás.

Pondrán fin al crimen organizado desde el Estado y al peculado, eliminando el mal ejemplo, a sabiendas de que no están por encima de la ley ni de la Constitución.


Leonel Fernandez y Miguel Vargas

Desbordados por las lisonjas y embriagados por las licencias que da el poder, evitarán caerán en el absurdo de llenar a sus consortes y amigos de favores excesivos. El espejismo que el poder prodiga tiene también consigo el riesgo de la ridiculez ilimitada, como eso de confundir el discreto encanto que debe guardar una primera dama con el de una figura populista y oportunista. Rosa de Mejia y Renee de Guzmán fueron dos primeras damas excepcionales que supieron manejarse con altura y sencillez.

Reconocer que de nada sirve que nuestra economía florezca si no hay justicia social. Solo la distribución equitativa de los bienes y la educación combaten la desigualdad.

Cuando aspiren a que cada dominicano tenga lo necesario para vivir dignamente, entonces uno de ellos, Danilo, Hipólito o Miguel serán merecedores del favor popular.

Santo Domingo, R.D., martes, 20 de julio de 2010

cenitcorp@gmail.com

http://www.desdemiescritoriord.blogspot.com/

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