
Vinicio A. Castillo Semán
Hace 17 años conocí a Leonel Fernández, recién electo candidato vicepresidencial de Juan Bosch para las elecciones generales de 1994, en las que mi padre representó la candidatura a Senador del DN en la alianza PLD-FNP que se suscribiera en noviembre de 1993 en el Hotel Lina.
Recuerdo como ahora, cómo tres o cuatro días a la semana, acompañando a mi padre, nos encontrábamos en Galerías Comerciales con Leonel Fernández y en ocasiones con el candidato a síndico peledeísta en ese entonces, el amigo Félix Jiménez. De ese punto salíamos por las tardes a recorrer las calles y callejones de los barrios populares de la capital, donde siempre nos esperaba el dirigente peledeísta Luis Inchausti, al mando de cientos y a veces miles de hombres y mujeres del PLD, portando sus banderas moradas y coreando consignas en favor de los distintos candidatos de nuestra alianza.
Así veía cómo en medio de esas muchedumbres, mi padre (que atraía la atención de la gente pobre y sencilla del pueblo, por ser una de las figuras públicas más conocidas y combativas contra el PRD), se detenía y le presentaba a la gente al joven que estaba a su lado, Leonel Fernández, candidato a la vicepresidencia de la República con el profesor Juan Bosch, en una época en que su figura era prácticamente desconocida en todo el territorio nacional.
Nadie podía imaginar en esos momentos, que ese joven abogado, dirigente del PLD, iba a ser dos años más tarde el Presidente de la República y en la década subsiguiente su principal y más señera figura pública, gracias a una serie de factores que la providencia o el destino conjugaron, como el vital apoyo de Joaquín Balaguer, impedido constitucionalmente de volver al poder de por vida, las innegables y excepcionales condiciones de Leonel Fernández Reyna y la formidable organización del PLD.
El éxito político ha coronado la carrera de Leonel, como el pueblo le aprendió a llamar. Sin haber cumplido 60 años, ya ha sido tres veces exitoso Presidente de la República con más de un 50% de la votación popular. Líder indiscutible del Partido de la Liberación Dominicana, con un prestigio nacional e internacional que no puede ser regateado por ninguna persona sensata de nuestra sociedad.
Al Presidente Fernández se le presenta en los próximos meses una disyuntiva crucial e histórica en su carrera, como lo es decidir utilizar su influencia determinante en la política dominicana para construir y diseñar el futuro de su partido, de la coalición que lo ha acompañado y de la nación, o dejarse tentar y optar por mecanismos poco transparentes y antidemocráticos, para quedarse en el poder de forma indefinida, como sería maniobrar para crear un tribunal constitucional a su medida (con lo cual cercenaría toda credibilidad de éste al nacer), que pueda aprobar la absurda tesis de que el actual texto constitucional, que es el reflejo directo de su palabra empeñada ante la nación y su partido en esta materia, no le es aplicable a él.
Los ingenieros metidos a “asesores políticos” que están aconsejando al Presidente recorrer ese peligroso camino (tipo la prórroga de Horacio Vásquez) que a mi juicio unificaría el país en su contra, sostienen que Leonel Fernández no puede abrir las compuertas de su relevo (que en este caso sería transitorio por 4 años), porque si lo hace sufriría los terribles embates de la denominada “soledad del poder”, lo que supuestamente crearía un daño irreversible a la eficacia del último trecho del presente período constitucional.
En mi opinión, un Leonel Fernández con el nivel de control congresional y de los poderes públicos que tendrá a partir del próximo 16 de agosto, con la popularidad que tiene (y mantendrá), y con la posibilidad de volver a ser Presidente en el año 2016, no tiene el más mínimo riesgo de quedarse solo, como le ha ocurrido a mandatarios impopulares que nadie quiere tener cerca y a otros que han apostado al triunfo electoral de sus contrarios con funestas consecuencias para ellos.
Sea cual sea el candidato del PLD o de cualquiera de los partidos aliados, tendrán necesariamente que buscar el apoyo que representa Leonel Fernández.
Sea cual sea el candidato del PLD o de las fuerzas aliadas, para ser exitoso, tendrá que velar porque el actual período constitucional de Leonel Fernández concluya exitosamente. El que juegue a la disputa con Leonel Fernández dentro de su partido (como erróneamente ha hecho Danilo Medina), está de antemano condenado al fracaso.
Resulta, pues, un grave error pretender inmovilizar y freezar el proceso de proyección pública de los posibles candidatos del PLD y de los proyectos propios que legítimamente tienen algunos de sus aliados fundamentales, cuando ya el principal partido de la oposición se encuentra en un abierto proselitismo electoral de cara al 2012.
Si el Presidente ha cambiado de opinión sobre la reelección y quiere intentarla, debe decirlo claramente a su partido y a sus aliados. El único camino de hacerlo sin subvertir el orden constitucional y rodeado de la legitimidad debida es impulsar una nueva reforma constitucional, con apoyo popular, al través del referéndum, como seriamente ha planteado el doctor Marino Vinicio Castillo.
Si, por el contrario, no quiere o entiende que no tiene las fuerzas suficientes para lograr ese objetivo, el Presidente debe entender que tiene que abrir las compuertas legítimas de los relevos, y como líder de su partido y de la coalición que lo ha acompañado, organizar el futuro del país y la unidad de esas distintas fuerzas para asegurar la victoria del 2012.
Si el Presidente trasciende y cumple con ese rol histórico y democrático, puede tener la seguridad absoluta de que no se quedaría solo. Todo lo contrario.
Su figura se enaltecería y tendría a su lado a toda la gente que le hemos apoyado, que son la amplia mayoría del pueblo dominicano.
Santo Domingo, R.D., lunes, 19 de julio de 2010
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