Juan Núñez Collado
Es muy importante que recordemos el mandato divino expresado en el Quinto Mandamiento del Decálogo Sagrado que reza: “NO MATARAS”. Éxodo 20,13.
El Dios de Abraham entregó a Moisés, en su calidad de liberador del pueblo escogido, el Sagrado Decálogo, donde se consagra el respeto por la vida como una obligación de orden moral para todo ser humano con un mínimo de civilización y cordura.
El uso del arma de fuego debe ser el último recurso tanto para un civil que porta un arma de fuego con un permiso como para un militar.
Es palabra del Señor que todo el que usa el arma para matar acabará mal en algún momento, siendo víctima de la violencia que supone desenfundar un arma para eliminar a un ser humano. Esto se agrava doblemente cuando se le dispara a un ciudadano indefenso que levanta sus brazos pidiendo clemencia.
Matar a un ciudadano o dispararle en las piernas para dejarlo inválido mientras pide clemencia es una acción vil y cobarde que no debe repetirse.
Nuestra policía y todo ciudadano civil o militar deben entender de una vez y por todas que el arma de fuego solamente se debe usar para la legítima defensa y nunca para ofender la vida, que es un regalo de Dios.
Así nuestro Dios es un Dios de niños y no de muertos.
Esta sub-cultura de la muerte y de la violencia debe ser frenada por todos los medios.
No debemos seguir permitiendo que la policía aplique la pena de muerte en plena calle cuando no está contemplada en nuestra Constitución ni en ninguna Ley Adjetiva.
El liderazgo político, los medios de comunicación, las iglesias y las escuelas como instituciones que deben luchar por un cambio de esta sub-cultura de muerte y violencia tienen la gran responsabilidad de frenar estas desviaciones a como dé lugar.
El Estado es un fomentador de la violencia y de la cultura de muerte expidiendo permisos para armas de fuego a ciudadanos, sean civiles o militares, que no están aptos para portar un arma de fuego.
El promedio de los dominicanos respiramos violencia y en vez de usar un lenguaje humano y civilizado lo primero que decimos es: “Te arranco la cabeza”, “Te pego un tiro”, por cualquier tontería.
Urge someter la policía a disciplina. Urge frenar la entrega de permisos a ciudadanos que quieren un arma no para defenderse racionalmente sino para matar salvajemente.
Sabemos que la causa primera de tanta violencia tiene su origen en un liderazgo político muy violento que se impone al pueblo aprovechando la situación de ignorancia, hambre y miseria en que el mismo Gobierno lo sumerge con dádivas clientelistas que impiden un desarrollo integral del ser humano.
Esta es una práctica perversa que debe desaparecer o pereceremos como sociedad.
Un Estado promotor de la delincuencia mediante el irrespeto sistemático de las normas de convivencia en sociedad, por el uso y abuso de los recursos sin ningún escrúpulo, se convierte en un promotor de la violencia y de la muerte.
El respeto por la vida implica el respeto por el derecho ajeno, ya que como dijo Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.
¿Cómo vamos a tener paz si el mismo Sr. Presidente, Dr. Leonel Fernández Reyna y los jueces de la Junta Central Electoral han violentado el derecho a escoger y ser escogido de tantos dominicanos que recientemente fueron vilmente despojados de senadurías, diputaciones y alcaldías?
Urge pasar de las palabras a los hechos y promover una cultura de respeto por la vida y de todo derecho ajeno.
Mi derecho termina donde comienza el de cualquier otro ciudadano.
La violencia engendra violencia.
Santo Domingo, R.D., martes, 20 de julio de 2010
http://www.desdemiescritoriord.blogspot.com./



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