Actitudes
El presidente Leonel Fernández debió haber aprendido en su largo ejercicio de poder algo que es elemental y evidente: sus oponentes siempre interpretarán con mala leche sus palabras y las colocarán a la altura y velocidad que puedan batearlas con comodidad. Las que pronunciara al recibir como gobierno las propuestas formuladas por entidades públicas y privadas que luchan contra la corrupción, no tuvieron desperdicios. Fueron reflexiones de ocasión que sintonizaban con el propósito que dio lugar a su iniciativa. La Administración por si sola no sabe enfrentar el mal, y peor aun, no lo considera tan grave. De ser de otro modo, no hubiera pedido auxilio exterior, ni se muestra tan ingenuo respecto a las causas y sus efectos. Incluso, tal vez eso explique este belén con los pastores. La prensa primero y la oposición después lo tomaron desprevenido, resaltaron aspectos y la disertación dejó de ser inocente. Aunque hay que reconocer en el caso una doble deshonestidad intelectual...
Efectos
Primero, la del jefe del Estado haciendo de zoquete, y segundo, la de los intérpretes de excepción. No es verdad que después de diez años de gobierno puede hablarse de estudios y de causas, como si la rabia de la corrupción fuera cosa de estos días. Los orígenes debieron importar, pero en su momento, y ese momento quedó muy atrás. Ahora hay que ocuparse de los efectos, y estos se combaten matando el perro. La sabiduría popular es clara: “Muerto el perro, se acabó la rabia”. Los oponentes, no se crea, oyeron bien, pero se presentó la oportunidad, y era justo aprovecharla. Incluso, lo hicieron con tanto éxito que obligaron al mandatario a tartamudear, a corregirse, a precisar por escrito lo que quiso decir en principio, que no es algo que ocurre todos los días. En política puede meterse la pata, pero hay que saberla sacar, y según Tres Patines, a tiempo. A lo que habría que agregar, y bien. Lo recomendable ahora no eran m‡s palabras, sino hechos, pero contundentes...
Errores
El primer error del presidente fue hablar en un escenario ajeno, pues las palabras deben ir de acuerdo al auditorio. Y el segundo, no arreglar la carga en el camino de manera convincente. El tenía que estar presente en el acto, como estuvo, pues le otorgaba importancia y asumía un compromiso. No era correcto que encargara un trabajo y después no lo recibiera. Sin embargo, al tomar un turno, cambió el orden, el sentido y quiso sacar partido antes de tiempo. Las sugerencias hubieran tenido su espacio, hubieran sido discutidas, y de manera indirecta favorecer al gobierno. Es decir, creaba las condiciones para un debate, pero se quedaba fuera. Al discurrir como un académico, cuando su responsabilidad era política, dio municiones a carabinas que de tanto usarse estaban vacías. Ahora lo tienen contra las cuerdas, y desdecirse no lo ha salvado, pues se nota la urgencia de algunos de sus subordinados, como el ministro de Economía, de sacarle las castañas del fuego...
Las patas
Esa costumbre de buscar en el gato más patas de las que tiene, y que es un ejercicio imposible, es la responsable de que no se avance lo suficiente en asuntos que resultan vitales para la buena marcha del gobierno y del país. La leche del desayuno escolar, por ejemplo. Andan buscando las causas de las intoxicaciones, sin darse cuenta de que los efectos no dejan dudas de que se sirve un producto contaminado, o cuando con dos o tres acciones, aplicadas de forma apremiante, era posible mantener la credibilidad de un programa que se consideraba básico. La teoría de la conspiración es un recurso a manos y no hay porque descartarla. Ahora, hay que cuidarse de no llevarla m‡s allá de lo debido, o evitar que por salvar cabezas se de m‡s importancia a subjetividades que a los hechos reales. Si hay indicios criminales, el resto no puede ser tan difícil. Como se llegó a unos, se alcanza a los otros. El problema ahora tiene rango presidencial. El ministro se quedó corto...Santo Domingo, R.D., lunes, 25 de octubre de 2010



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