lunes, 10 de octubre de 2011

Humanismo médico, una visión del presente


Dalín Olivo Plasencio

Nos anima a realizar este artículo  la  esperanza de que su lectura despierte  las dormidas inquietudes de los  colegas  y  así contribuir a reencender la antorcha del humanismo activo en el gremio médico nacional, cuya entraña espiritual nunca debe dejar de nutrirse de las fuentes del saber hipocrático.

En los últimos 50 años gran parte de los profesionales de la medicina, progresivamente, ha perdido la imagen humanista que los identificó con el modelo hipocrático durante milenios, para ser considerados como simples técnicos, ávidos de reconocimiento económico y profesional, adheridos al modelo racional cientificista y divorciado de la sensibilidad humana, consustancial al ejercicio de la medicina clásica, cuyo humanismo sustentaron para la posteridad médica los más calificados cultores del pensamiento ecuménico, tales como  Hipócrates, Aristóteles, Platón o Gracián. Ellos aportaron los conceptos esenciales que definen la espiritualidad humana.

Asimismo, humanistas y personalidades paradigmáticas como Honorio Delgado, entre otros, enfatizaron con esclarecida sapiencia que la esencia del humanismo es el amor al prójimo, que debe ser la  razón de ser del acto médico a través de los tiempos.  El ejercicio de la medicina moderna  atraviesa  por un proceso de deshumanización en la sociedad globalizada; principalmente en las sociedades desarrolladas en las cuales prevalecen los estilos de vida materialista, el hedonismo, el vacío espiritual y la cultura de la banalidad.  Situación esta que ha sido exportada   hacia nuestros pueblos subdesarrollados.

Estatua de Hipócrates, Parnassus Avenue, delante del Robert H. Crede Ambulatory Care Center, en San Francisco, California, Estados Unidos.

En este contexto antes citado, la salud ha sido convertida en una costosa mercancía por un mercado perverso que ha hecho de la codicia lucrativa su leí motivo.

Por  otro lado, la gran mayoría de nuestros  médicos se ha adherido acríticamente a la tecnología de punta y han abandonado su esencia humanista, en desmedro de su identidad profesional. El costo de esta enajenación es muy elevado, porque de este modo el médico se niega a sí mismo, proyecta  una imagen profesional que a menudo es percibida por la comunidad como mercantilista, y su fin prioritario es buscar un mayor status socioeconómico y aprovechamiento personal, carente de sensibilidad humana. Este es uno de los tantos factores que ha favorecido a la ruptura de las relaciones entre el médico y el paciente, por consiguiente un aumento de las demandas judiciales a los médicos.

La deshumanización médica va  en perjuicio de los sectores sociales menos favorecidos, para los cuales el acceso a los servicios de salud a menudo es inalcanzable. Los cambios políticos, sociales, económicos y laborales que se  han producido en el desarrollo de una globalización sin proceso han tenido como consecuencia que en los establecimientos de salud pública y de la seguridad social, el trabajo médico se efectúe en condiciones paupérrimas y con limitaciones que hacen inviable una atención con calidad.

De ahí que el médico en esta situación debe tener una mayor comunicación con el paciente y su familiar, explicándoles a los mismos las condiciones que está prestando sus servicios, que sus limitaciones son causas  inherentes al sistema de salud que  sustenta el Estado.  

Además tiene un salario  que  atenta  contra la dignidad del profesional de la salud, afectando su autoestima, motivación, expectativas de superación personal, el acceso a la capacitación continua y a la alta competitividad.

Oportuno es señalar que la creación desmedida de facultades de Medicina  es factor estructural  en la deshumanización médica.  Por otro lado, la insensibilidad humana prevalece en todos los niveles de atención de los servicios de salud: asistencial, administrativo y de apoyo.

 Estas situaciones deben inducir al Estado y  a las sociedades médicas a enfatizar la necesidad de potencializar  vigorosamente la formación humanista durante la carrera de Medicina.   

En términos generales, la arquitectura  del profesional de la salud debe estar  erguida  sobre   cualidades fundamentales como son: Bondad,  sabiduría, respeto, compasión, solidaridad e integridad;  cualidades que en los momentos actuales del ejercicio de la medicina en nuestro país  se hacen imprescindibles, toda vez que haciendo uso de ellas se mejora la relación médico-paciente. Así el profesional médico se protege de las garras de la industria del juicio que se está desarrollando de una manera vertiginosa.

 El médico se de identificar  con el dolor de  sus pacientes, pero no llorar con ellos. Explicar lo suficiente  y callar lo necesario a sabiendas que no podemos pedir más de nuestro destino, pero tampoco conformarnos con menos.  

PD: La doctora Dalín Olivo es médico, cirujano general, ayudante del departamento de Cirugía General del Hospital Taiwán, de azua de Compostela, República Dominicana; licenciada en Derecho de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD, magister en Derecho y Relaciones Internacionales de ésta misma universidad, diplomado en Derecho Internacional Humanitario, Derecho Notarial, diversos estudios en el ámbito internacional sobre la paz y manejo de conflictos; coordinadora del bloque de organizaciones comunitarias del sector de Herrera, municipio Santo Domingo Oeste y actualmente forma parte de las ternas para escoger el suplente a Defensor del Pueblo.

Santo Domingo, R.D., Lunes, 10 de octubre de 2011.

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