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Sergio Forcadell
De Diario Libre
Ahora está de moda un movimiento de protesta social denominado "Indignados", que comenzó como una chispa espontánea hace unos meses en la castiza Puerta del Sol de Madrid y se ha ido extendiendo, como la gripe, por varios países de Europa y ya está en los Estados Unidos contagiando a muchos de sus ciudadanos hasta en la dominicana Plaza Duarte de Nueva York.
Los Indignados, al menos los europeos, son colectivos muy heterogéneos que agrupan a jóvenes, jubilados, amas de casa, estudiantes, profesionales, también se han colado algunos vagos -faltaría más- y hasta curiosos que pasaban por ahí. No tienen un liderazgo definido, tampoco están, ni quieren estar ¡zafa! en política. De manera conjunta no saben muy bien lo que demandan, pero en lo particular unos arremeten contra las instituciones financieras por considerarlas causantes de las crisis, otros denuncian a los dirigentes del país por ineptos, otros quieren trabajo digno, otros maldicen las hipotecas que los asfixian y hasta aparecen pancartas con mensajes muy creativos como aquella de "Demasiado chorizo para tan poco pan" (en España "chorizo" significa también corrupto, ladrón). Pero en general los Indignados desean cambios drásticos en el sistema social y una nueva y más participativa democracia que les garantice una vida con educación, techo y trabajo.
Ahí están varias generaciones atrapadas, los viejos con jubilaciones congeladas y con miedo a no poder cobrarlas en el futuro, los funcionarios con salarios disminuidos, los jóvenes con una o dos carreras e idiomas sin trabajo o con sueldos de miseria, madres que no les llega el dinero a fin de mes, profesionales y obreros de edad madura en paro con edades fronterizas a punto de quedar fuera para siempre del mundo laboral, cientos de miles de personas sin acceso a vivienda o metidos en "cajones" llamados apartamentos (¿?) de 40 m2 donde no pueden formar ni procrear una familia. Bien ¿y aquí, qué nos sucede? Pues nada, que no hay ni puede haber por el momento Indignados porque lo que tenemos son los Abusados, una categoría cercana pero que difiere en que los excesos sobre estos son mucho más numerosos y pesados.
Que a uno le cobren una de las luces más caras y más malas del mundo y encima le amenacen con aumento de un 18 % - que acaba siempre en un 60%, 70% y 100% - por recomendaciones soberanas del FMI, eso es un abuso y bien electrizante. ¿O ya no nos acordamos de la pasada alza del 8%? ¿Por qué no le cobran al millón y pico que se roban la luz a costa de los ciudadanos "tondejos", esa mezcla de tontos y pendejos, que sí la pagamos religiosamente a un fuerte sobreprecio? ¿Por qué no mejoran las redes de distribución en lugar de penderla en grandes cantidades por esos entramados de cables aéreos obsoletos, que lucen del año 1.500 Antes de Cristo? Y ni que decir de tantos y tantos abusos más.
Que se pague el galón de combustible un dólar más caro que en otras naciones con pránganas similares a la nuestra y, por si fuera poco, más de un 60% de su precio se lo lleven los impuestos. Que la casi la mitad de los policías estén haciendo trabajos particulares y cobrando a la vez su sueldo de funcionarios mientras la ciudadanía padece el azote creciente de la delincuencia. Que de tres millones de capitaleños hay dos y medio que no paguen el agua...
Por eso y por todos estos tiempos no podremos hablar de Indignados, pues quienes padecen estos excesos una y otra vez quedan, además, de abusados, anestesiados. Eso es lo que somos. Abusados y Anestesiados, que no Indignados.
Santo Domingo, R.D., sábado, 19 de noviembre de 2011.


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