sábado, 21 de abril de 2012

Cuestionamientos a negocios Senador RD Félix Bautista no ayuda pueblo Haití frente a donantes

Prensa mundial presta atención casos corrupción enfanga administraciones en Isla La Hispaniola

SANTO DOMINGO R.D._ En el reportaje publicado en la revista estadounidense Time, cuya segunda parte se reproduce en esta nota, el periodista Ezra Fieser afirma que el escándalo por los contratos otorgados al senador dominicano Félix Bautista y sus aportes en dinero a la campaña del hoy presidente Michel Martelly, no ayudará a Puerto Príncipe a recabar fondos en la comunidad internacional.

“(…) las acusaciones contra Bautista, que se añaden a los enfrentamientos con el Parlamento, no ayudarán al éxito de la campaña para persuadir a los países donantes, muchos de los cuales están a la espera de ver en Haití un gobierno eficaz y transparente antes de liberar los miles de millones de dólares  prometidos para la reconstrucción”, dice el reportaje.

A continuación, la traducción libre del inglés de la segunda parte del reportaje de Time.

“Un año bajo Martelly: controversia por  la corrupción entorpece los esfuerzos por la reconstrucción de Haití

Sin embargo, es probable que muchos inversionistas duden en instalarse en Haití debido a las crónicas disputas que han marcado el primer año de Martelly en la presidencia. Antes de las elecciones del año pasado, por ejemplo, los exiliados expresidentes Jean-Clude “Baby Doc” Duvalier y Jean-Bertrand Aristide retornaron de improviso. Desde entonces, han creado inoportunas distracciones, sobre todo porque se conoce que Martelly siente una pequeña debilidad por la familia Duvalier, cabeza en el país de la más brutal dictadura del siglo XX, y por cuya extraordinaria corrupción Jean-Claude Duvalier debe ser juzgado, según el dictamen reciente de un juez.

"Probablemente no les hubiera invitado a regresar a Haití", dijo Martelly, pero tampoco presiona para que sean juzgados. "Eso compete al sistema judicial, y yo no tengo nada que ver”, puntualiza.

Jean Claude Duvalier, Baby Doc, 
ex dictador de Haití.


Empero, Duvalier y Aristide (más a la izquierda, pero cuya presidencia tiene su propia corrupción y abusos a los derechos humanos  por los cuales debería  responder) son solo uno de la gran cantidad de problemas.

Los planes de reconstrucción de Martelly dependen en gran medida de contar con un primer ministro fuerte como jefe de gobierno, puesto que es una figura clave en la repartición de los contratos. El Parlamento –cuyos  líderes recelan de la condición de “outsider” de la política de Martelly y de su populismo a menudo arrogante, investiga aún si él y algunos de sus altos colaboradores tienen doble nacionalidad, lo que descalifica en Haití para ejercer sus funciones— rechazó los dos primeros candidatos que el presidente propuso el año pasado.  Garry Conille fue aprobado solo cuatro meses después de haber sido propuesto.  “Si alguien elige estar en contra mía y odiarme,  no tengo tiempo para ocuparme de esos conflictos y rumores”, dice Martelly. “No quiero luchar contra el Parlamento. Si hay algún problema, es cosa suya”.


Jean-Bertrand Aristide, ex presidente de Haití.


Haití necesita que el Parlamento y el gobierno se centren en el trabajo mancomunado. Martelly insiste en que sus prioridades son proyectos como el concebido para reubicar en 16 barrios, concediéndoles un subsidio para el alquiler, a los refugiados desde  el terremoto en seis grandes tiendas de campaña. El proyecto tiene un costo de 98 millones de dólares.  Este esfuerzo, junto con un plan para vaciar el enorme campamento de Champs de Mars frente al destruido Palacio Presidencial, en el centro de Puerto Príncipe, podría dotar de vivienda a casi 63 mil personas que han estado viviendo en la más absoluta miseria durante los últimos dos años.

Sin embargo, estos últimos representan apenas una pequeña parte de los casi 500 mil que todavía carecen de hogar del 1.5 millón que estaba en esta condición a raíz del terremoto.   Un rebrote de  la epidemia de cólera que azotó a   Haití a finales de 2010 y desde entonces ha matado a miles, es otro motivo de preocupación por la temporada de lluvias que se avecina y porque el dinero de la ayuda para el mantenimiento de las letrinas públicas en los campamentos  parece estar acabándose. Pero Martelly cree estar en el camino correcto.
     
Presidente Michelle Martelly, Haití.


También tiene la certeza de estar cambiando la “imagen oscura… y la percepción de que  Haití  es solo malas noticias”.  Sin embargo, las acusaciones contra Bautista, que se añaden a los enfrentamientos con el Parlamento, no ayudarán al éxito de la campaña para persuadir a los países donantes, muchos de los cuales están a la espera de ver en Haití un gobierno eficaz y transparente antes de liberar los miles de millones de dólares  prometidos para la reconstrucción.

Martelly parece desestimar las preocupaciones: "A pesar de que escuchan cosas negativas, cuando hablas con la gente constatas que tiene confianza”, dijo a Time. “Sienten que por fin tienen un presidente que trabaja para ellos… No estoy preocupado. Estaba preparado para esto”, recalca. Tal vez tenga razón pero, en realidad, lo que quiere la mayoría de los más de diez millones de haitianos –y para lo que están listos— es un gobierno estable. Ezra Fieser/Time (Reproducido de 7dias.com.do)

Santo Domingo, R.D., sabado, 21 de abril de 2012.

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