Tony Raful
En días grises, días de “en medio”, los llamó Hesíodo, en los cuales nada trascendente sucede, todo es un rollo amarillento de pesares y nimiedades, casi un cúmulo de vergüenza para el sentido de la vida humana, me he negado a deprimirme, no acepto la melancolía ni la nostalgia como opciones, pienso en aquel antifascista checo que al saber que estaba condenado irremisiblemente a perecer en un campo de concentración nazi, le pidió a su mujer que la tristeza nunca fuera unida a su nombre. Y escojo a Jorge Luis Borges, el poeta argentino que engalanó las tardes más festivas de mi vida con sus versos. Mis días están llenos de Borges, como los de él estaban llenos de Virgilio. Leerlo entonces era una cita de la exquisitez y ejercicio de la buena escritura (y lo sigue siendo). Era tan sorprendentemente irónico, que su ironía, tantas veces hiriente, era un mecanismo de defensa. Su conservadurismo, a veces imperdonable, era una de las tantas formas de evadir todo contacto con los demás en su imperfección de mandos y sonidos. Su mundo era inalterado y navegaba en las corrientes del azar. Su poesía pura era una relojería que estaba situada en un mundo íntimo, donde nada perturbaba el destino trazado, el fin ulterior de la luz y de la nada, y sin embargo su asombro prístino por la vida florecía en un jardín de versos.
Giovanny Cruz Duran.
Comparto con Giovanny Cruz, el “semidios” del Teatro Dominicano una admiración constante por los textos de Borges, y en especial por un poema llamado, “Otro poema de los dones”, una composición de ritmo y cadencia envolvente. Este poema lo releo cada vez que la vida amenaza con agrietarse y oscurecer el tiempo presente. ¿Puede haber mayor arma que un poema para combatir la depresión y confusión de los sentidos? Celaya dijo que la poesía era un arma cargada de futuro. Añado que también está cargada de pasado y presente, tal y como nos explicó San Agustín, en la imposibilidad de desgajar al ser de su unicidad ontológica, de su vigilia interior, intemporal, absoluta.
No puede haber mayor gozo que leer este poema de Borges: “Gracias quiero dar al divino/Laberinto de los efectos y de las causas/Por la diversidad de las criaturas/Que forman este singular universo/Por la razón que no cesará de soñar/Con un plano del laberinto/Por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises/Por el amor, que nos deja ver a los otros como los ve la divinidad/Por el firme diamante y el agua suelta/Por el álgebra, palacio de precisos cristales "Por Schopenhauer/Que acaso descifró el universo/Por el fulgor del fuego/Que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo/Por la caoba, el cedro y el sándalo/Por el pan y la sal/ Por el misterio de la rosa/Que prodiga color y que no lo ve/Por ciertas vísperas y días de 1955/Por los duros troperos que en la llanura/Arrean los animales y el alba/Por la mañana en Montevideo/Por el arte de la amistad/Por el último día de Sócrates/Por las palabras que en un crespúsculo se dijeron/De una cruz a otra cruz/Por aquel sueño del Islam que abarcó/Mil noches y una noche/ Por aquel otro sueño del infiernoÖ Por Swedenborg/Que conversaba con los ángeles en las calles de Londres/ Por los ríos secretos e inmemoriales/ Que convergen en míÖ Por Verlaine, inocente como los pájarosÖ Por las rayas del tigre/Por las altas torres de San Francisco y de la isla de Manhattan/Por la mañana en Texas/Por aquel sevillano que redactó la Epístola Moral/Y cuyo nombre, como él hubiera preferido, ignoramos/Por Séneca y Lucano, de Córdoba/Que antes del español escribieron/Toda la literatura española/Por el geométrico y bizarro ajedrezÖ Por el olvido, que anula o modifica el pasado/Por la costumbre/Que nos repite y nos confirma como un espejo/Por la mañana que nos depara la ilusión de un principio/Por la noche, su tiniebla y su astronomía/Por el valor y la felicidad de los otros/Por la patria sentida en los jazmines/O en una vieja espada/Por Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema" /Por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos/por morir tan despacio/ Por los minutos que preceden al sueño/Por el sueño y la muerte/Esos dos tesoros ocultos/Por los íntimos dones que no enumero/Por la música, misteriosa forma del tiempo”.
Jorge Luis Borges.
La poesía es bálsamo y calidad del sueño, sendero del lenguaje que serpentea los abismos del alma. Un poeta como Borges es un acontecimiento en cualquier cultura, un temblor universal. Los límites de la materia oscura restringen el tiempo datado de la vida un poeta. Es puro accidente. Insignificancia cósmica. Borges, una voz alta que pervive en tiempos de mezquindad. Loor a su memoria de cantor misterioso y eterno.
Santo Domingo, R.D., martes, 24 de julio de 2012.



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