domingo, 22 de julio de 2012

Lo que nos espera


A RAJATABLA 
ORION MEJIA

Es verdad que al presidente electo Danilo Medina le esperan momentos difíciles, pero al mismo tiempo son excelentes oportunidades para consolidar la estabilidad macroeconómica, consolidar el crecimiento y promover el desarrollo por vía de una mejor redistribución del ingreso. Las coordenadas del gobierno de Medina han sido anticipadamente explicadas, por lo que la tarea del necesario consenso  político, económico y social resultaría más llevadera o menos traumática, según sea la intención expresa o velada de los actores.

Se sabe que Medina encaminará esfuerzo hacia  la concertación de tres pactos fundamentales con la clase política, las fuerzas productivas y la sociedad civil, que abarcarían los temas fiscales, electricidad y educación.

Danilo Medina.

Sin el concurso pleno de todos los sectores, no sería posible  salir airoso en  retos tan trascendentes para la transformación de un modelo que  presenta  innegables síntomas de  agotamiento, a pesar de que  el promedio de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) ha sido  superior al 7% en más de una década.

La economía ha crecido en ambiente de estabilidad y control de inflación, pero la rentabilidad se ha concentrado en una minoría, aunque la clase media se ha financiado por vía del crédito bancario y los sectores  vulnerables respiran gracias a las transferencias presupuestarias hacia programas de supervivencia, como Solidaridad.

El presidente Fernández cumplió el objetivo de retornar la economía al crecimiento, a pesar de la crisis mundial desatada  a finales de 2007. A Medina le corresponde  ampliar ese crecimiento, consolidar la estabilidad y promover redistribución y calidad en el gasto.

Me preocupa el recurrente  discurso de un sector del empresariado basado en el criterio de que  una eventual reforma fiscal integral debe fijarse exclusivamente en reducción del Gasto,  sin incluir  medidas para incrementar ingresos, como tampoco se habla de revisar los mentados gastos tributarios que este año ascienden a 120 mil millones de pesos para  estimular la competitividad empresarial.

Cuando se habla  de reducir gastos solo se piensa en la nómina  estatal y en la inversión pública, sin referirse a la baja presión tributaria (13% del PIB), ni al déficit relacionado entre  estimado de ingreso e ingreso real, que  ascendió en junio a 16 mil millones de pesos, aunque el balance neto fue de ocho mil millones, gracias a los ingresos por impuestos a las ventas de los activos de la Cervecería.

En ese criterio excluyente no se mencionan  los 21 mil millones  de pesos transferidos al subsector  eléctrico, ni los 24 mil millones al Banco Central, ni los 63 mil millones al pago por el servicio de  la deuda contratada la mayoría durante  gobiernos anteriores, ni los miles de millones  que representa la evasión del Itebis.  Seguiré sobre el tema.

Santo Domingo, R.D., domingo, 22 de julio de 2012.

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