Eduardo Álvarez
Si ves a una persona y te provoca mencionarla es porque tienes referencias de ella y la necesidad de valorarla. Pero sólo las expectativas despiertan nuestra atención. El anuncio de Juan el Bautista estimuló el seguimiento y la adoración que de Él tiene el mundo cristiano.
Toda reputación, buena o mala, es siempre inquietante. Inevitablemente, como efecto reflejo, volteas la cara sólo para comprobarlo.
Esto explica una predisposición a la calificación y estima de una marca, producto o individuo. Traen con ellos una presentación y una historia alteradas por el parentesco, la filiación política y religiosa, así como la disposición económica y necesidades inmediatas. Excluir las costumbres, el orden legal y las creencias seria prescindir de las variables antropológicas que contextualizan la definición más acabada de la imagen.
Juan -El Bautista-
Decir que es presencia, historia y discurso seria desandar los pasos. Hay que insistir en la presencia como puerta de entrada. Es lo primero que se percibe. Como Oscar Wilde, creemos que “una cosa bella nos ayuda, sólo con ser lo que es”. Sin embargo, es un elemento frecuentemente voluble, alterable ante el menor predicamento.
Apostar al componente conceptual garantiza una mayor efectividad. Lo que una empresa, institución o persona desea y está en capacidad de transmitir es lo que, finalmente, determina la compra del producto o inclinación hacia una idea política o religiosa.
Aunque tenemos que reconocer el aspecto valorativo articulado entre el imponente físico o presencial y el conceptual o discurso. Relación biunívoca indiscutible
Partiendo de una imagen real, debemos asumir una ideal, ajustada a las expectativas de los públicos o consumidores. Un estudio de opinión o encuesta permite diseñarla efectivamente para proyectarla a través de los canales o vasos comunicantes disponibles.
Oscar Wilde, en una fotografía tomada en 1882 por Napoleon Sarony.
La imagen real, la misma que mueve la voluntad de compra o aceptación, es la que el público percibe finalmente. Los objetivos se logran en el momento en que la imagen ideal se aproxima o asemeja a la real.
Para medir los avances y resultados de la aproximación entre ambas, disponemos de instrumentos de medición que no abandonan ese proceso al azar ni a los ambiguos pronósticos de los astros y empíricos artesanos en la materia.
Recomendamos la auditaría de imagen, un medio eficaz, cual electrocardiograma o prueba de fuerza, para determinar la salud, disposición y aceptación del producto o las ideas que pretendemos vender. Estudio previo determinante para conocer a tiempo las potencialidades financieras y de crecimiento frente a la posición actual de la marca, empresa, institución o persona [político, religioso, profesional, líder empresarial], objeto de una campaña a ser desplegada.
Santo Domingo, R.D., viernes, 24 de septiembre de 2010



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