JUAN TAVERAS HERNÁNDEZ
Igual podría decir “putos”, para referirme a los hombres que se han prostituido en la política saltando de una parcela a otra; que hoy son rojos y mañana blancos o morados. Camaleones profesionales que flotan como el corcho. Gente sin escrúpulos a la que no le importa lo que digan o piensen sus conciudadanos. (“La agente critica, pero no mantiene”)
El sentido de la ética o la moral lo perdieron conduciendo un vehículo que no pagaron o mientras dormían plácidamente en un apartamento que no compraron con dinero bueno, con dinero que no sudaron. Putas desnudas ante los capos de la droga, del crimen y de la política.
Las putas de la política no tienen sexo, ni edad. Igual pueden ser jóvenes o viejos. Las putas, como putas al fin, se van con cualquiera, con el que más pague. La política no es una manera de servirle a la comunidad, es un negocio donde lo que importa es el dinero. (Cuarto en manos y c… en tierra)
El transfuguismo es una expresión de la prostitución política, muy común durante las campañas electorales, al igual que el clientelismo, el paternalismo, el chantaje y la extorsión, que no solo abunda en los partidos, sino en los medios de comunicación.
Como los “inmorales nos han igualado”, usted los escucha en la radio, los ve en la televisión o los lee en la prensa con la fuerza que le otorga el dinero de un “polvo” en el prostíbulo de su entorno.
En tiempo donde da “lo mismo un burro que un gran profesor”, y ser honesto es un problema, donde los valores del éxito son la política, el narcotráfico, el lavado, el crimen, la prostitución y el salto de garrocha, nada es reprochable, el fin justifica los medios.
Lo importante para las putas de la política son los resultados. “La moral no existe en política”, escuché decir a un historiador, dirigente del PLD y funcionarios del gobierno. (¡Bien por ti!)
Como cada ladrón juzga por su condición, algunos, desde los medios de comunicación donde han creado su plataforma corrupta y perniciosa, miden a todos con la misma vara. Creen que todos somos proxenetas y cueros de la política, como ellos. El antro donde habitan no le permite ver que no todos somos travestis bailando desnudos en el tubo del vicio y la corrupción donde ellos bailan.
En esta campaña electoral veremos a los perros ladrar intentando amedrentar a los que integran la reserva ética y moral de la política.
La jauría ha sido bien entrenada y bien pagada con el dinero del presupuesto nacional para arremeter contra la gente decente que procura un cambio radical en la manera de hacer política en el país.
Que nadie se asuste, que nadie dé un paso atrás en la lucha por adecentar la actividad política. Las putas de la política valen menos que las putas de las calles. En gran medida, las putas de las calles les deben su desgracia a las putas de la política.
Santo Domingo, R.D., viernes, 16 de diciembre de 2011.


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