Eduardo Álvarez
La gente se está hartando de las figuras públicas inauténticas, diseñadas como quien se hace un traje a la medida, sólo para lucir bien. Con la idea es aparentar, engañar a todo el mundo y sacarle el dinero de los bolsillos al pueblo humilde y trabajador. Esto es, a los consumidores y a los contribuyentes.
El tema viene a colación a propósito de los vanos afanes de los estrategas del candidato Danilo Medina por sacar provecho de la manera autentica, llana, transparente y sincera con que el presidente Hipólito Mejía se conduce frente a todos nosotros.
A falta de brillo y pegada de su propio producto electoral, han tenido que echar mano a la nada original ni sustanciosa figura de la esposa del presidente Leonel Fernández, Margarita Cedeño de Fernández. La venden como un producto cimero, desplazando al candidato presidencial. Utilizan, sin éxito, el manido recurso de intentar satanizar la imagen del candidato del PRD, repitiendo métodos justificables apenas en campañas electorales. Apostar a las pifias del adversario nunca ha dado buenos resultados.
De ahí que contraten a dos o tres humildes muchachos de la prensa para provocar a Hipólito Mejía con preguntas fuera de contexto. Sin embargo, todo indica que ese carácter sano, espontáneo y cariño, característico en él, está operando a favor de este dominicano de verdad, cibaeño y banilejo de origen, que ama y respeta a su país como el que más.
Tiene el alma, el espíritu y el coraje que parece faltarle a su contrincante. Y eso, a los dominicanos nos gusta tanto como comer mangú.
El video mostrando a un Hipólito conversando claramente, sin permitir pendejadas –lo cortés no quita lo valiente-, y abrazando, luego, con mucho cariño al novel reportero que quiso sacarlo de su cause, habla muy bien del ser humano agradable, sin doblez y magnánimo que los electores dominicano quieren ver y van llevar al poder el 20 de mayo del 2012. Todo tiene su momento. Llegó a su fin el tiempo de las figuras de cera, farsas y engañosas. La gente prefiere ver en la Presidencia a dominicano que lo represente y no a un “producto publicitario” armado y compuesto con todos los recursos del Estado, a falta de chispa, talento y valor. Donde Dios no puso…
Santo Domingo, R.D., jueves, 15 de diciembre de 2011.

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