Juan Taveras Hernández
Las bocinas aseguran que existe una “orquestada campaña de difamación e injuria contra el presidente de la República, Leonel Fernández”. Pero no dicen quién o quienes han pagado para “acabar” con el mandatario. Tampoco citan los medios de comunicación que promueven el malsano plan. No dicen las bocinas del Palacio Nacional, ni de las radio, televisión y prensa escrita, si la “campaña de difamación e injuria” proviene de un partido, de organizaciones civiles o de grupos empresariales.
El presidente de la República tiene dominio absoluto de los poderes del Estado (incluyendo los poderes fácticos), lo que le ha permito gobernar sin dificultades a pesar de la tremenda crisis económica, política y moral que vive la nación. El presidente de la República se ha convertido en el hombre más rico y poderoso del país. Ese poder económico y político lo ha usado para enriquecer a los suyos corrompiéndolos. También ha comprado importantes dirigentes de la oposición. El Partido Reformista desapareció del escenario político. Quedan restrojos que los buitres se disputan para obtener beneficios. El PRD va por el mismo camino de la mano de su presidente Miguel Vargas, su nuevo socio y compadre.
La mayoría de los medios de comunicación están al servicio del presidente que no en balde invierte más de ocho mil millones de pesos al año en prensa y propaganda. Con ese dinero se compra la opinión pública. La cúpula de la Iglesia forma parte del coro angelical que cuida celosamente la imagen del gobierno y del Presidente.
En el Partido de la Liberación Dominicana no hay oposición. Todos los dirigentes del partido oficial guardan silencio ante lo que está sucediendo en el país. Guardan silencio o se escoden en viejas tácticas políticas para preservar algún protagonismo futuro. Para evitar problemas internos el Presidente compró o corrompió a la mayoría de los dirigentes del Comité Político y del Comité Central. Con los dirigentes medios hizo lo mismo a través del Peme, las nominillas, los cofrecitos, los barrilitos y otros programas para damnificados políticos de su partido. El PLD fue secuestrado y corrompido. El dinero compra voluntades y conciencias.
Como puede verse, no hay maneras de que “un plan de difamación e injuria” esté en marcha para desacreditar al presidente; para dañar su imagen, ni nada que se parezca. No es posible que un plan para dañar al Presidente pueda tener éxito.
Lo que sucede es que el auge del crimen, el delito, la corrupción y el narcotráfico, es muy obvio. Ya no es posible seguir ocultando con un manto de silencio y miedo la podredumbre ni el lodo. Por doquier brota pus, estiércol. Las haces fecales nos inundan. Tenemos que andar con mascarillas en las narices para no morir asfixiados por el vaho. El Presidente se daña a sí mismo.
Cuando el doctor Hugo Tolentino Dipp habló de un Narco-Estado o un Narco-Gobierno, no dijo nada que no supiéramos todos. Solo que Hugo tuvo el coraje de decirlo con la autoridad política y moral que le dan sus años. Pero se trató de una voz aislada, una voz en el desierto. Dicen que una golondrina no hace verano. (Pero lo anuncia).
Las bocinas del gobierno cuando denuncian un plan “macabro” contra el Presidente de la República no hacen más que justificar su trabajo por el que reciben grandes beneficios. Hacen lo que tienen que hacer. Y las entiendo. Las bocinas, bocinas son.
Si existe algún plan no es contra el Presidente, es a su favor, es para proteger y cuidar su bien ganada imagen pública. Aunque una encuesta internacional lo coloca como el segundo presidente más impopular latinoamericano, detrás del mandatario de Nicaragua, Daniel Ortega, en nuestros medios de comunicación esa percepción no es real. El Presidente es el hombre año, todos los años. El es el dueño del país. Como lo fue Trujillo, como lo fue Balaguer.
Santo Domingo, R.D., domingo, 04 de abril de 2010
juanth04@hotmail.com

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