martes, 13 de noviembre de 2012

Protestas y Reforma


Editorial LA INFORMACION

El déficit fiscal y la reforma tributaria de reciente aprobación, ha desatado una cadena de protestas que tienen como elemento nuevo la movilización de amplios segmentos de las clases medias, muy habituada al inmovilismo social por su apego al estatus quo tradicional. Por esa razón esta movilización colectiva, que llama la atención, está desbordando la esfera de actuación de los partidos, contra quienes se dirige la crítica del movimiento con expresiones y slogans que los identifican con las prácticas de la corrupción y el latrocinio.     
    
Contrario a esa nueva tendencia contra la partidocracia, las escaramuzas en torno al déficit y reforma fiscal, han dado como resultado, sin embargo, la comprobación del gran poder logrado y acumulado por el partido de gobierno, el cual no sólo se dio el lujo de suspender el diálogo echando a un lado la alta cúpula del poder fáctico representado por el CES, sino que aplastó el debate en el Congreso, pateando el reducido poder de una oposición dividida y carente de capacidad de resistencia frente al poder del partido de gobierno que ha salido fortalecido como partido único y hegemónico.
    
El partido de gobierno no sólo demostró su gran poder totalizador, sino también su decidido y estricto apego a una concepción de la gobernabilidad basada en el gasto público excesivo e improductivo, para favorecer a su clientela hambrienta y ambiciosa capaz de devorar los recursos de la nación, con tal de alimentar su agresiva aspiración de escalar socialmente en el menor tiempo posible, aprovechando los recursos públicos. Por esa razón son crónicos los déficits fiscales, así como el insostenible endeudamiento externo,  en una gestión de gobierno que tiene como norte el objetivo degenerado de “servir al partido para servirse del país”.
   
 La asociación de ese modelo de gestión de gobierno con las prácticas del latrocinio y la corrupción, al tiempo que se impone un ajuste fiscal que castiga significativamente a las clases medias y populares, ha hecho despertar a las clases medias de su letargo, incorporándolas a la lucha política y junto a ellas a las expresiones orgánicas de la llamada Sociedad Civil, que cada vez asumen una posición crítica más vehemente frente a un modelo de gestión que provoca más rechazo cívico que adhesión.

Peligrosa tendencia

La falta de racionalidad y sentido de justicia en las respuestas del gobierno, al insistir en una reforma-castigo sin racionalidad alguna en el gasto público, alimenta el rechazo en esa clase media iracunda que como contrapartida reclama con estruendo por castigo al latrocinio.  
    
La profundización de esta tendencia y la incorporación vigorosa de esa clase media en el conflicto, podría desatar  un proceso de ilegitimación de una autoridad política que daría al traste con creencias colectivas que le da credibilidad y respeto. La autoridad entonces, tiene que reorientarse y evitar  un desenlace que pudiera ser similar al que se produjo con los remanentes del trujillismo, cuando fueron respahilados a cadenazo limpio por las calles de Santo Domingo. 

¡Evitemos llegar a ese extremo!      

Santo Domingo, R.D., martes, 13 de noviembre de 2012.

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